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julio 13, 2026

Un VAR para el periodismo deportivo, por favor

El fútbol tiene VAR. La tecnología revisa al árbitro, corrige el offside, los córneres y, aunque a veces falla, devuelve la justicia a la cancha.

El periodismo deportivo necesita algo así, pero no la tecnología detrás del VAR, sino la filosofía de justicia que la sustenta. Esa filosofía tiene nombre propio en el oficio, neutralidad, independencia y honestidad, valores que no deberían perderse ni con un Mundial de por medio.Hoy el algoritmo premia que el dato clave llegue tarde, después de trescientas palabras de relleno, porque cada segundo extra en la página vale plata. Esa fue la trampa del clickbait que tendieron Google e internet, y los medios la abrazaron. Ahora se les volvió búmerang, el usuario, cansado del bla bla, ya ni entra al medio, le pide un resumen a un chat de inteligencia artificial y lo tiene en segundos.

El periodismo ya le ganó una vez a la tecnología. Cuando el telégrafo era poco confiable, en la Guerra de Secesión, los reporteros aprendieron a poner el dato más importante al principio de la nota, y nació la pirámide invertida, la fórmula que puso al lector primero. Hoy, el periodismo que abrazó la tecnología de la atención como la panacea, termina perdiendo por goleada. Según un estudio de Chartbeat, el 38 por ciento de los lectores abandona la nota sin leer una sola línea, porque el título promete algo que el texto tarda en cumplir.

Las transmisiones son aún peores. Relatores y comentaristas se ríen de sus propios chistes, mientras el espectador mira una fiesta privada a la que no fue invitado. Y después está el grito; el relator sigue cantando un gol interminable, atrapado en un formato radial previo a la televisión.

Algunos relatores y exfutbolistas convertidos en comentaristas confunden pasión con relato y juzgan todo desde el fanatismo y el patriotismo, sin apego a la neutralidad esperada. Hay quienes hasta se ufanan de ese sesgo y suben videos llorando por un gol de su selección, casi afónicos y con malas palabras, para mostrarse genuinos, prefiriendo los likes, al VAR interno de los principios tradicionales.

Esa justicia que el VAR le devuelve a la cancha tiene un nombre más viejo, el juego limpio. El fútbol evolucionó de esta manera para evitar otra “mano de Dios”. En este Mundial, el juego limpio ayudó a expulsar a un jugador suizo que simuló una falta, anuló un gol a Croacia por un contacto invisible al ojo humano, gracias al chip de la Trionda, y revirtió córneres y offside mal cobrados. Cuarenta años le tomó al fútbol blindar ese valor con tecnología, aun con la polémica que genera cada revisión larga y cada festejo cortado a mitad de camino.

El periodismo deportivo también necesita juego limpio, y no hace falta tecnología para lograrlo; alcanza con aplicar la fórmula que se inventó hace más de un siglo, cuando puso al lector primero.

Pero sigue jugando con mañas de potrero, el título que no cumple, el chiste que excluye, el grito que llega tarde, el forofismo que se disfraza de pasión. Cree que su disciplina lo exime de los valores tradicionales del oficio, pero estos también se aplican a cualquier otra vertiente del periodismo. El salto que debe dar no es tecnológico, es dejar de considerarse una excepción y jugar limpio, como debería jugar todo el periodismo.

Para que al periodismo deportivo no le saquen la tarjeta roja, conviene que los ombudsman y los defensores del lector se metan en este partido. Los códigos de ética y los manuales de estilo son claros, alcanza con aplicarlos para jugar limpio.

julio 06, 2018

El fútbol: ¿cambios o evolución?


El fútbol cambia en forma pendular y cíclica como la política. En este Mundial de Rusia se reinventaron estrategias y prácticas de juego descartándose modelos agotados. Todavía no se puede hablar de evolución.

La diferencia entre cambios y evolución es más claro en la política. Argentina, Ecuador y México mutaron de ideología de un pestañazo, de izquierda a derecha y viceversa, aunque son cambios cosméticos y temporales. Un proceso evolutivo implica mayor profundidad en el tiempo y una mejora cultural. La democracia evolucionó con el “nunca más” a las dictaduras militares, el voto universal y, mucho antes, con la disolución de las monarquías.

En el fútbol pasa algo similar. Este Mundial pareciera suscribir el acta de defunción para el toque y posesión de pelota que encarnó Pep Guardiola y antes el jogo bonito brasilero. Los equipos ahora son más verticales y defensivos, equilibrados; con cambios de ritmo vertiginosos y jugadores más versátiles en todo el campo. Francia, Croacia, Bélgica – también Brasil pese a quedar fuera - encarnan esa especie de “fútbol total” que tampoco es nuevo ni revolucionario. Fue la marca registrada de Rimus Michel en su naranja mecánica liderada por Johan Cruiff y que mucho antes adelantó Alfredo Di Stéfano.

¿Se reinaugura así una época de fútbol más agresivo y eficiente al estilo madridista que opacará al paciente y vistoso estilo del Barza? ¡Habrá que esperar! Un Mundial es escueto, no todos los estilos se miden entre sí y la lotería de los penales sepulta o encumbra equipos que en campeonatos de largo aliento no tendrían chance. Rusia ejemplifica el escenario. Y si la “furia roja” hubiera acertado un gol más, no se hablaría hoy del agotamiento del toque inteligente de pelota.

A diferencia de las mutaciones temporales, la evolución proviene de cambios  estructurales. El fútbol progresó cuando se permitió a los arqueros usar las manos, se agregaron los mediocampistas para equilibrar el juego y se asentó a principios del siglo pasado la ley del offside todavía vigente. Muchas décadas después se perfilaron los esquemas actuales de juego, como el 4-2-4 y el 4-3-3, y en Rusia se descartó la defensa de solo 3 que probó Sampaoli con malísimos resultados.

En el fútbol el equilibrio terminó siendo esencial, como lo afirma Tite y antes Carlos Bianchi. Se robó el mantra de la NBA que acuñó Pat Riley y elevó Lebron James a la máxima expresión: un buen ataque empieza con una excelente defensa.

La asistencia en video del referí, el VAR, inaugurada en Rusia está encaminada a generar un cambio profundo en el fútbol. Más allá de que es perfectible y que es impráctica para todos porque crea una brecha entre ligas profesionales y amateur y entre países pudientes con los de menores recursos, el VAR atrae una expectativa de mayor equidad e imparcialidad. Se trata de un progreso tan significativo como cuando en 1995 la FIFA obligó a desterrar la especulación del empate y dinamizar el juego. 
Entonces, como ya se practicaba en Inglaterra e Italia, la FIFA pidió a las ligas de todo el mundo que se otorguen tres puntos al ganador, dejando en el limbo a los usureros del empate.

Una mutación menos disruptiva, pero transversal a todos los cambios, es la nueva anatomía de los deportistas, ayudados por una mejor alimentación y preparación, así como por las estadísticas de rendimiento que elevan los estándares de la performance. La ciencia y la tecnología deportiva están transformando la fisonomía de todos los deportes. Hoy es usual ver tenistas de dos metros de altura, basquetbolistas que parecen fisicoculturistas y futbolistas que pueden competir en carreras de 100 metros llanos. Y todos, jubilándose a mayor edad que sus colegas en décadas pasadas.

Habrá que esperar un tiempo para saber si el fútbol está evolucionando o simplemente cambiando. Por ahora el Mundial divierte y advierte que hay lugar para los creativos, pero no para los improvisados y los que tienen ideas preconcebidas. En el primer caso, Sampaoli, no sobrevivió con la cualidad de la improvisación que resaltó en su libro pre mundialista, mientras que Gary Lineker, ante la paridad deportiva, se tuvo que tragar su famosa frase: “el fútbol es un juego simple; veintidós hombres van detrás de un balón por 90 minutos y al final los alemanes siempre ganan”. trottiart@gmail.com

Prensa libre = libre empresa ≠ IA

En la conferencia SIPConnect 2026 celebrada esta semana en Miami, el periodismo mostró la dicotomía que enfrenta hoy. Cómo aprovechar la int...