mayo 03, 2026

Celebremos lo que estamos perdiendo

    Cada 3 de mayo, en el Día Mundial de la Libertad de Prensa, repito una frase que he defendido durante décadas: la salud de una democracia se mide por el nivel de libertad de prensa que una sociedad protege.
    Cuando esa libertad se debilita, el sistema empieza a enfermar. Algunas de esas dolencias son pasajeras; otras, terminales.
    Hay externas, fáciles de detectar. Gobiernos autoritarios que censuran y presionan a los medios. Crimen organizado que amenaza y mata a periodistas. Muchas veces, la coalición corrupta entre ambos causa los mayores estragos.
Hay otras enfermedades invisibles. Un ejemplo claro es la apropiación del contenido por parte de quienes controlan internet y la inteligencia artificial. Usan información ajena y lucran con ella sin reconocer su origen. 
    Y hay enfermedades por negligencia que se incuban desde dentro, en la mala conducta del periodismo. La más grave es la pérdida de independencia. Cuando un medio deja de servir al público y pasa a servir intereses propios, o se vuelve cómplice de los grupos de poder que debería vigilar.
    Sin lineamientos éticos, todo se degrada. Se prioriza el negocio sobre el criterio. Se informa según conveniencia y se deja de investigar y fiscalizar al poder. A partir de ahí aparece el sensacionalismo para atraer audiencias y la saturación de contenidos, sin jerarquía ni contexto, que crean ruido y limitan la conversación pública.
    Los pacientes, el público, también nos autoinfligimos daños. Premiamos lo inmediato en redes sociales, confirmamos creencias, compartimos sin verificar y convertimos rumores y teorías conspirativas en corrientes de opinión.
Como consecuencia, se debilitan los valores imprescindibles de una democracia, la verdad y la libertad. En ese vacío, la desinformación y la propaganda se expanden como metástasis y aceleran el debilitamiento del sistema.
    ¿Cómo sacar a la libertad de prensa y a la democracia de la terapia intensiva? 
    No culpando al otro, sino asumiendo que todos somos responsables. Gobiernos que respeten la libertad y no la condicionen. Un periodismo independiente que informe, investigue y fiscalice. Sistemas tecnológicos que eviten el aceleracionismo sin ética y pongan al humano como protagonista. Y un público que consuma información con criterio.
    Hoy es un día para celebrar la libertad de prensa y la democracia. También, para que cada uno asuma su responsabilidad y actúe como un sanador, capaz de recuperar lo que estamos perdiendo
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Celebremos lo que estamos perdiendo

     Cada 3 de mayo, en el Día Mundial de la Libertad de Prensa, repito una frase que he defendido durante décadas: la salud de una democrac...