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noviembre 01, 2026

Investigar al poder más que a confrontarlo


Les comparto una entrevista que me hizo el periodista y director de la revista Crónica de Guatemala, Gonzalo Marroquín, publicada ayer 31 de octubre de 2026.




En momentos en que la prensa enfrenta grandes retos a nivel global, una voz con experiencia ubica a la profesión del periodismo en su momento actual y Ricardo Trotti, un experto en el tema, mira las oportunidades que se presentan.  En esencia, habla de preservar la profesión haciendo más y mejor periodismo.

Gonzalo Marroquín Godoy

Para entender lo que está sucediendo en el mundo de la prensa, lo mejor es conversar con un experto en el tema.  Ricardo Trotti fue director ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), y un ferviente defensor de la Libertad de expresión en todas las Américas.

Por esa razón, Crónica ha conversado con él y estas son sus respuestas a nuestras interrogantes.

A finales del siglo XX, la prensa no esperaba cambios tan radicales, aún con el inicio de la era tecnológica. ¿Cree que el balance de esa nueva tecnología –internet, redes sociales y ahora la IA– ha sido más negativo que positivo?: Hasta el momento, el balance es deficitario, a pesar de que la tecnología ha sido y sigue siendo una herramienta necesaria para los medios. Desde finales del siglo XX, con la llegada de internet, la tecnología ha ido erosionando paulatinamente las bases económicas del periodismo. Primero, devoró el modelo publicitario; luego, las redes sociales convirtieron la atención en una «prisión sin rejas» basada en algoritmos que premian la indignación; y hoy, la inteligencia artificial amenaza con completar la expropiación del trabajo intelectual raspando contenidos sin pagar por ellos.

El problema es que las empresas tecnológicas ya no usan la tecnología como una herramienta, se han apropiado de sus fines y operan como una nueva competencia desleal para el periodismo, porque controlan la distribución del mensaje y los sesgos de las audiencias, y lo hacen sin los controles, regulaciones ni límites morales que el periodismo tiene y debe preservar.

Algunos analistas del periodismo dicen que la prensa se equivocó al considerar inicialmente como un “gran aliado” a las redes sociales que, con el tiempo se convirtieron en el vehículo ideal para la desinformación… ¿Esas plataformas de redes sociales ayudan o perjudican la prensa?: Fue un error estratégico considerar aliadas a estas plataformas que operan bajo sus propias reglas, saltándose las que rigen a las demás empresas, incluidos los medios. Las empresas de internet, redes sociales y ahora de IA prometieron una distribución global, pero terminaron erigiéndose en nuevos censores y propietarios de la información que ordenan, sintetizan y empaquetan como propia. Encerraron al público en «jardines amurallados» y priorizaron algoritmos diseñados para explotar emociones como la rabia y el miedo, porque la confrontación y la polarización retienen la atención. Todavía vemos, como en las elecciones de este domingo en Brasil y en las que se avecinan en EEUU, como la tecnología es usada para manipular la conciencia colectiva.

El internet y las nuevas tecnologías de comunicación cambiaron también el mundo de la publicidad, y con ello, golpearon a la industria de periódicos (impresos), que primero tuvieron que recortar sus redacciones y muchos se han visto obligados a cerrar por falta de recursos. ¿Tienen futuro los periódicos?: El papel, como soporte físico, enfrenta una contracción inevitable; es un modelo casi agotado que, tarde o temprano, dejará de existir como medio de comunicación. Pero el periodismo, en cambio, tiene un futuro indispensable, cada vez más necesario, como lo ha demostrado la influencia de la radio desde siempre. No podemos ahora lamentar el error estratégico de haber depositado la confianza en las promesas que las plataformas hicieron a los medios, con modelos de negocio basados en la publicidad programática o en el click. Para mí, lo peor de todo esto es que los medios, que siempre fueron líderes, terminaron por correr detrás de las empresas tecnológicas que están en otra carrera, muy distinta de la que rige la cultura del periodismo.
La lección es cara. Los medios todavía están pagando un alto precio por haber creído en esas bondades.
El futuro radica en volver a encontrar las herramientas que siempre hicieron necesario el periodismo, entre ellas, la independencia del poder, en este caso, el económico, como lo representan estas empresas tecnológicas, convertidas ya en un poder político y social de relevancia.

No es noticia nueva, pero el acoso de gobiernos autoritarios –más allá de las dictaduras– muestran una tendencia a perseguir periodistas y medios independientes en todas las Américas para silenciarlos por la vía judicial. Además, constantemente desacreditan la profesión y a los medios, causando dudas sobre su credibilidad. ¿Cómo se puede defender la prensa frente a los poderes del Estado?: El riesgo de la hostilidad oficial es que opera por efecto acumulativo y por contagio. La estigmatización, además de incentivar la violencia física, activa el acoso judicial mediante «demandas SLAPP», querellas millonarias diseñadas por políticos y funcionarios para disciplinar al periodismo y forzar su autocensura.

Es difícil luchar contra esto porque los medios tienen recursos limitados y su atención se centra en la defensa de la democracia. Entonces, el periodismo debe responder documentando los atropellos, identificando patrones y escalando las denuncias a las organizaciones pertinentes para elevar el costo político de atacar a la prensa. El periodismo no debe gastar energías en defenderse ni responder al insulto con agravios; debe investigar más al poder.
Recientemente, Trotti recibió un reconocimiento en la universidad de Columbia (EEUU), por su trayectoria en defensa de la libertad de prensa en el hemisferioi.
El caso Watergate, que se destapó con información de los periódicos más importantes de EEUU, ¿es algo que ya no veremos más?:Seguiremos viendo grandes investigaciones del tipo Watergate, pero su metodología ha cambiado. Antes, la investigación consistía en revisar físicamente miles de carpetas polvorientas. Hoy, como se demostró con los Panama Papers, el LavaJato o erl FIFAgate, el periodista utiliza la tecnología para procesar millones de documentos filtrados. Quizás el mayor reto de estos tiempos, ante el avance de la desinformación y de los algoritmos cargados de sesgos, es la prueba de la verdad. Una parte del público, pese a las evidencias, seguirá ignorando o, al menos, sospechando de la verdad. El grave problema es que, debido a la crisis de sostenibilidad provocada por las tecnológicas, hay cada vez menos medios con los recursos físicos y económicos necesarios para realizar investigaciones de gran envergadura. El modelo Watergate puede estar agotado, pero el modelo de periodismo transnacional e intermedios tiene grandes oportunidades.
Dicen que las noticias falsas (fake news) corren siete veces más rápido que las noticias verdaderas de los medios serios. ¿Se puede luchar contra esto?: Antes de luchar, hay que comprender las reglas del juego y que, en este campo, estamos en desventaja. Primero, la verdad es compleja, ya que requiere verificación y tiempo; y segundo, la falsedad explota las vulnerabilidades emocionales y resulta adictiva, máxime con los sesgos que impulsan los algoritmos. Pero esta asimetría es lo que vuelve al periodismo más necesario y relevante que nunca, así que diría que estamos ante una gran oportunidad. La verdad siempre ha sido la materia prima del periodismo, y es esta la que le otorga una ventaja competitiva y comparativa frente a las demás disciplinas.Es decir, los principios tradicionales son la salvaguarda de nuestra profesión.

¿Qué debería hacer la prensa y las organizaciones de prensa para contrarrestar esta situación y volver a calar en la mente de la opinión pública como “los que verdaderamente informan” ?: La credibilidad y la confianza no son automáticas; se construyen con mucho esfuerzo, día a día. Hay que rescatar como prioritarios los principios fundamentales formulados hace más de un siglo por Walter Lippmann, entre ellos la rigurosidad por la verdad y la exactitud y, agregaría en esta época de desconfianza masiva, un alto sentido de la transparencia.

Las alianzas y la solidaridad entre los medios y entre las organizaciones de prensa son más útiles que nunca, ya sea para contrarrestar los ataques del poder, distribuir información o negociar con más fuerza con las plataformas.

Ahora retirado de las actividades al frente de la SIP, Trotti sigue escribiendo una columna, pero además desarrolla su arte: pinta y escribe… En la gráfica una de sus pinturas de la serie «Flores»…

Uno de tus campos de investigación ha sido la IA. Ahora se habla mucho de “aprovecharla”. ¿Qué riesgos y oportunidades hay para el periodismo moderno?

La gran oportunidad es que el periodista evolucione de ser un mero redactor de tareas rutinarias a convertirse en un director de IA. La IA puede liberar el trabajo mecánico, ya sea transcribir, procesar volúmenes masivos de datos, para devolvernos a lo esencial: pensar, investigar y fiscalizar. Lo que no se puede hacer es delegar la responsabilidad en la IA. La supervisión debe ser siempre humana, porque la IA no tiene prestigio ni credibilidad que perder.

Para los medios, hay que distinguir entre lo que la IA aporta y lo que perjudica; son dos caminos distintos. La tecnología puede ayudar a los medios a crear modelos de negocio sostenibles…

Se habla también del uso que hace la IA de los contenidos de los diarios sin pagar nada a cambio. ¿Qué puede pasar con esto? No es fácil pensar que vayan a prosperar demandas contra los gigantes de la IA.: Justamente estamos presenciando el robo de contenidos a escala industrial y la inversión de la cadena de valor. Los medios invierten millones en investigaciones y verificación en el terreno; luego, los motores de IA «raspan» esa información, la sintetizan en «resúmenes” con cero clics y retienen al usuario en sus plataformas sin derivar tráfico ni compensar a la fuente. Chartbeat y la Fundación Reuters acusan de que el tráfico hacia los medios cayó, en promedio, un 43% a nivel global en el último año.

Las demandas individuales de los medios contra las plataformas pueden prosperar, pero serán una gota en el desierto. Creo más bien en la solidaridad de los medios y las asociaciones como la única forma de ejercer presión sobre los gobiernos, para que obliguen a las plataformas a sentarse a la mesa de negociación. Hay ejemplos claros, como Australia, Canadá, Francia y España, en los que las demandas colectivas han tenido un efecto positivo para los medios.

Confío en que la coalición SPUR, que se originó en Inglaterra y hoy ya cuenta con la SIP y otras organizaciones nacionales de América Latina, es el camino correcto. Las plataformas responden a la presión, y SPUR es una forma de ejercerla.

Ahora se olvida lo que la prensa ha sido para la democracia y las libertades de las personas… ¿qué le dirías sobre este tema a un crítico de la prensa hoy en día?: La prensa libre es sinónimo de libre empresa y de que no existen mercado ni democracia que funcionen sin un periodismo independiente que fiscalice el poder. La prensa es un sistema imperfecto, pero es el único mecanismo de defensa de la sociedad frente a la corrupción y el autoritarismo.

Hay que invertir el sentido de la pregunta. ¿Qué pasaría si desapareciera la prensa independiente? ¿Quién auditará las licitaciones públicas de una comunidad? ¿Quién denunciará los abusos de las fuerzas de seguridad o el desvío de fondos en la salud pública?

Los mismos magnates tecnológicos que hacen lobby para oponerse a las regulaciones y que desconocen la propiedad intelectual de los medios necesitan de una prensa libre para que sus propios contratos y sus propiedades se respeten.

Los medios son indispensables para el equilibrio democrático.

¿Sustituirán los “influencers” a los periodistas, aunque su información no pase por un riguroso proceso de verificación?: Los influencers no los sustituirán, solo conviven con los periodistas en el terreno del entretenimiento, la divulgación informal y la captación de la atención.

Los datos del Digital News Report del Reuters Institute muestran cómo figuras del pódcast o de TikTok captan grandes audiencias y cómo los políticos populistas los prefieren porque no les hacen preguntas incómodas.

Un influencer vive de la complacencia de su comunidad, de la monetización de su marca personal y del estímulo emocional. El periodista, en cambio, vive del rigor, de la incomodidad frente al poder y de someter cada dato a un protocolo de verificación y de responsabilidad legal.

No se puede comparar el valor que cada uno tiene en la sociedad.

12. ¿Qué le dirías a los periodistas de un diario hoy en día… cuál debe ser su actitud ante las embestidas de los gobernantes, el desprestigio en redes sociales y la desinformación imperante?

Los periodistas deben abrazar los valores tradicionales e insustituibles del periodismo y actuar y responder con responsabilidad ética.

Los periodistas no deben dejarse arrastrar al fango político de la provocación y deben responder con más periodismo.

Frente al desprestigio en redes sociales, no deben competir en la carrera de la agresividad ni del clickbait. No deben convertirse en activistas, deben seguir ejerciendo como periodistas, porque en estos dos campos hay tanta distancia como la que existe entre el influencer y el periodista.

agosto 30, 2026

Solidaridad mediática ante la dictadura tecnológica


Esta semana, Meta acordó pagar 18.000 millones de dólares para cerrar el juicio que enfrentaba en Estados Unidos por el diseño adictivo de Facebook e Instagram y los daños causados a menores. Lo valioso del acuerdo es que Meta deberá implementar límites de uso, restricciones nocturnas, controles parentales, cambios en las notificaciones, entre otras medidas.

Tras años de resistencia política y de vacíos legales, los tribunales terminaron por poner límites a una industria que crece más rápido que las leyes.

Además de lo que esto implicará para YouTube, TikTok y otras plataformas, es una lección que la prensa debería examinar de cerca, en especial por el apetito de la inteligencia artificial por los contenidos periodísticos.

Las empresas de IA, como Gemini, ChatGPT y Claude, entre otras, necesitan información nueva y de archivo de los medios para alimentar sus sistemas y atraer usuarios. A esto se suma que los medios vienen perdiendo lectores y publicidad desde la irrupción del internet, algo que ahora se agudizará con el despliegue de publicidad por parte de las plataformas de IA.

El caso Meta muestra a los medios que los tribunales pueden convertirse en una vía única y necesaria. Ya existen demandas de medios contra empresas de IA por disputas sobre derechos de autor y el uso de contenidos, pero son altamente costosas y las libran medios grandes y con recursos.

Diarios como el New York Times pueden contratar abogados, negociar una licencia millonaria o llegar a un acuerdo individual con una empresa tecnológica. Pero un medio pequeño con 5, 10 o 20 mil lectores no tiene billetera para hacerlo ni músculo para enfrentarse a una compañía cuyo valor de mercado supera el de un país entero.

Y ahí está el peligro.

Si los acuerdos con la IA terminan beneficiando solo a los grandes grupos de medios, la tecnología acelerará la concentración que ya está debilitando al periodismo. Los grandes sobrevivirán mejor. Los pequeños desaparecerán más rápido y así se expandirán los llamados “desiertos informativos”. 

Los pequeños medios de Argentina, Estados Unidos o México cumplen una función de supervisión democrática. Estudios académicos muestran cómo la desaparición de un medio en una localidad acelera los niveles de corrupción y las injusticias en la comunidad, al tiempo que disminuye la transparencia pública y privada, así como la participación en las elecciones y en asuntos escolares, de salud pública, entre otros.

Si bien es legítimo que los grandes medios busquen acuerdos con las empresas de IA, es un error que negocien por cuenta propia.

Las experiencias de Australia y Canadá ofrecen una pista. La autoridad de competencia permitió que Country Press Australia, que agrupa a 81 editores y 160 periódicos regionales, negociara colectivamente con Google y Facebook. Lo mismo ocurrió en Canadá, donde la Ley de Noticias en Línea obligó a Google a pagar 100 millones de dólares canadienses anuales, indexados a la inflación. Una entidad autónoma reparte ese fondo entre 1.500 medios, en función del número de periodistas que emplean.

Francia sumó su propio precedente en 2022, cuando Google llegó a un acuerdo de derechos conexos con 450 editores agrupados en la Alianza de la Prensa de Información General por 500 millones de euros. Y en España, a fines de 2025, un tribunal de Madrid condenó a Meta a pagar 479 millones de euros a 87 medios agrupados en la Asociación de Medios de Información, por el uso de datos personales de los usuarios para su publicidad.

El éxito de estos cuatro casos residió en la solidaridad de los medios para alcanzar acuerdos que beneficiaran proporcionalmente a todos, grandes, medianos y chicos.

América Latina debe mirar cada vez más hacia estos antecedentes. La responsabilidad recae en las asociaciones de medios y de periodistas para lograr esta solidaridad. La fuerza corporativa de las instituciones puede llevar a los tribunales reclamos colectivos, negociar licencias colectivas y construir mecanismos para que los medios pequeños y medianos tengan una voz que, individualmente, jamás tendrían frente a Google o las empresas de IA.

Muchos medios ya han firmado acuerdos individuales con Google a través de programas como News Showcase. Pero son pactos negociados a puertas cerradas, sin estándares uniformes ni supervisión pública, y benefician a quien los firma, no al ecosistema informativo en su conjunto.

Si asumen esta responsabilidad, las asociaciones de prensa no solo defenderán a sus asociados, sino que también promoverán la diversidad y la pluralidad de los medios que la democracia demanda.


julio 01, 2017

Transformar contenidos, medios y comunidades

En este ambiente sobresaturado de informaciones, noticias falsas y posverdad, los medios de comunicación saben que generar contenidos de calidad es la única salida para sobresalir y sobrevivir.
Tampoco les basta con producir contenidos diferenciados. Deben cobrarlos y distribuirlos con eficiencia para enganchar nuevas audiencias. Esa es la nueva fórmula del periodismo auto sustentable.
Nadie todavía tiene la receta adecuada, salvo algunos grandes medios, como el New York Times. Ha duplicado sus ventas en suscripciones pagadas, gracias a su calidad y al anabólico que significa la pelea con el presidente Donald Trump.
La buena noticia para el resto, es que los medios le han perdido el miedo a las nuevas tecnologías. Entienden que la transformación digital es imperativa y el buen futuro depende de la urgencia con la que la abracen.
Esta lectura de optimismo mesurado emergió de la reciente conferencia digital SIPConnect que organizó la Sociedad Interamericana de Prensa en Miami. Más de 200 representantes de 25 países ratificaron la tendencia. La calidad implica contar más historias en formato audiovisual, distribuirlas por múltiples plataformas digitales y llegar de lleno adonde las audiencias son pirañas: los teléfonos móviles.
Rescato otras dos ideas sobre transformación que, aunque invisibles, las sentí como bebidas energéticas en la conferencia. La necesidad de establecer espacios para crear e innovar y la revalorización por buscar el bienestar social.  
Crear e innovar son nuevos valores que motorizan el desarrollo. Así como los medios tienen secciones de trabajo como policiales o deportes, deberán crear laboratorios donde pensar, proyectar y experimentar sean tareas cotidianas. El camino creativo es integral y debe abarcar desde cómo contar historias, cómo distribuirlas o cómo crear productos laterales a la información.
Los medios deben recuperar el liderazgo comunitario que tuvieron. Han quedado rezagados ante otras empresas que generan información, crean necesidades, empoderan y cambian los hábitos del público.
Son esas compañías que tienen a las tecnologías como potenciadoras, pero su razón de ser se basa en ideas audaces que revolucionan la forma en que nos conectamos, consumimos y vivimos. Spotify en música, Netflix en películas, Airbnb en hospedaje y Uber o Lyft en transporte urbano muestran esa ecuación exitosa de la tecnología supeditada a las ideas.
La transformación digital en sí misma no es más que el uso de la tecnología para el beneficio propio. Pero cuando está alineada a la responsabilidad social, permite crear mecanismos que ayudan al cambio y fortalecimiento de la sociedad. Así, alineada a la misión y visión, la transformación deja de ser un fin en sí misma, tornándose más simple y fácil de alcanzar.
Lo ejemplifica muy bien el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg. Se hubiera podido quedar tranquilo años atrás cuando alcanzó el millón de usuarios conectados a su red social. Esta semana, sin embargo, la red Facebook alcanzó 2 billones de usuarios, está valorada en 440 billones de dólares y ganó 8 billones en el último trimestre.
¿La fórmula? El motor de su evolución no es la tecnología, sino su idea y visión potenciadas por esa tecnología. Fiel a ellas, esta semana redefinió su misión, reorientando su rumbo y razón de ser. Facebook ya no tratará de “dar a la gente el poder de compartir y hacer del mundo un lugar más abierto y conectado”, sino que buscará “dar a la gente el poder de construir comunidades y acercar al mundo”.
Un cambio imperceptible, pero mayúsculo. Centra su visión en el hombre social, como factor de cambio. Un ejemplo de la fuerza de Facebook Groups se ve en Miami. Una idea de un individuo se convirtió en una energía descomunal de  4.500 voluntarios dedicados a la limpieza de las playas.

Salvando las distancias con ese coloso, los medios no deberían quedarse ensimismados en su negocio o en solo fabricar contenidos en busca de monetizar, distribuir y crear nuevas audiencias. Son fines loables pero insuficientes en estos tiempos, si es que quieren reposicionarse como líderes comunitarios. Más que empezar por adquirir tecnología, deberían primero revisar su misión, para que cuando abracen el cambio, se conviertan en motores de la transformación social. trottiart@gmail.com

junio 04, 2013

Maduro, Cristina y los medios

El cambio de política editorial de la televisora venezolana Globovisión y la amenaza del presidente Nicolás Maduro de exigir el retiro de la señal de CNN en Venezuela, así como las nuevas leyes en la ciudad de Buenas Aires y en Córdoba que prohíben al gobierno de Cristina Kirchner abusar de la libertad de prensa, demuestran el papel relevante de los medios privados comerciales en una democracia.

Así como en Ecuador y Nicaragua, los gobiernos de Argentina y Venezuela no han tenido vergüenza para atacar a los medios y periodistas críticos, aduciendo su carácter mercantilista, corrupto y desestabilizador. Leyes que violan preceptos constitucionales de no legislar en contra de la libertad de prensa, persecución judicial y el acoso económico para debilitar a los medios y quedarse con su propiedad, ha sido norma constante.

Más allá de los abusos, el problema es que estos gobiernos han tenido éxito para confundir al público sobre el rol del periodismo independiente en la sociedad, destruyendo una incipiente cultura sobre libertad de prensa que comenzó a gestarse con las nuevas democracias. Que existan medios y periodistas malos como en cualquier otra disciplina es normal, pero de ahí a justificar ataques contra la crítica, el disenso y la opinión, no es más que una contradicción al mandato gubernamental.

Ante la confusión, valga recordar por qué son necesarios los medios privados en un ambiente en que los políticos, en general, los consideran imprescindibles para la democracia cuando son oposición y una amenaza cuando están en el gobierno. El caso del prócer estadounidense Thomas Jefferson, sirve de ejemplo. Cuando resistía el poder colonial del rey Jorge III de Inglaterra, dijo preferir periódicos a gobiernos, hasta que fue presidente y, harto de las críticas, condenó reiteradamente a la prensa.

Aquel estilo “jeffersionano” de tensión entre medios y gobiernos, fue natural en la evolución de la prensa en las Américas, desde que era subsidiada y servía como vocera de partidos políticos, hasta que se benefició con la irrupción de las tecnologías de la comunicación que antecedieron al internet, como el telégrafo, las imprentas para periódicos, la radio y la televisión, haciendo más barata y rápida la confección y distribución de noticias.

Aquella masificación informativa y el desarrollo tecnológico introdujeron la publicidad y las suscripciones, lo que permitió a los medios tener rentabilidad y ganar independencia despegándose de subsidios y favores gubernamentales. Ello permitió mantener la operación compleja y cara de producir noticias, aumentar la profesionalización y, por contrato social, convertirse en un “cuarto poder” para fiscalizar a los tres poderes públicos, exigiéndoles rendición de cuentas frente a los ciudadanos, los verdaderos dueños del Estado.

Engañar sobre que los medios privados no deben ser rentables como predican Rafael Correa, Daniel Ortega y Evo Morales, o que comunicar la verdad es solo posible a través de los medios estatales, es solo un justificativo para agrandar sus aparatos de propaganda y beneficios electorales.

En el caso de Venezuela el acoso económico contra Globovisión mediante multas, presión contra anunciantes privados y amenazas de no renovación de la licencia de operación, es un ejemplo más de un modelo malversado y reiterado que busca imponer dueños allegados al gobierno para silenciar la crítica y neutralizar la independencia.

En Argentina, las nuevas leyes de protección a la libertad de prensa impulsadas en Buenos Aires y Córdoba, prohíben al gobierno nacional que en esas jurisdicciones continúe con su política de destrucción de medios privados. Pese a la polémica, se trata de medidas extraordinarias para que se cumpla con la Constitución, un documento que aunque acomodan y reforman los políticos a su gusto, no tiene otro propósito que imponer límites y controles al gobierno para que no pueda cometer abusos contra las libertades individuales y sociales, incluidas las de prensa y expresión.

Aunque todos los gobiernos se digan respetuosos de la libertad de prensa, solo existe plenamente en aquellos países donde, desde el poder, se incentiva la abundancia de medios privados comerciales y se respeta que puedan operar con libertad e independencia, dentro de un modelo de rentabilidad razonable. 

julio 23, 2011

Correa y las presiones contra los medios


Desde que asumió el presidente Rafael Correa en enero de 2007 la libertad de prensa se deterioró a un ritmo sostenido y sistemático, con una política oficial concreta, no casual, similar a la que se instaló en otros países, con gobiernos que también buscan una cierta “hegemonía comunicacional”.

Esta persistente política de censura contra medios, periodistas, ciudadanos en general y contra la oposición, ha generado un clima creciente de autocensura.

Correa ha sabido crear un clima sin grises. Polarizado. Ha logrado desprestigiar a las instituciones y que la gente descrea de las mismas, para su propio beneficio. Utiliza herramientas conocidas:

·       Cambia las reglas de juego con reformas constitucionales, a su gusto en nombre de la revolución popular.
·       Impone sus propias reglas maniatando al sector productivo, así sea la banca, empresarios. (Los banqueros tuvieron que vender otro tipo de empresas, algo que ahora también abarcará a los dueños de medios).
·       Gana popularidad dictando medidas contra los “pelucones”, burgueses, oligarcas y a favor de los oprimidos.
·       Desprestigia a la prensa mediante insultos y juicios; y amenazándola con nuevas leyes y castigándola con publicidad, incautaciones, cierres e inspecciones impositivas.
·       Trata de inoperante al Congreso, y lo saltea mediante referéndum directo con una Consulta Popular sin discusión partidaria.
·       Califica de corrupto al Poder Judicial, achacándole el problema de inseguridad y crímenes; y hace notar que cualquier manifestación, es una rebelión contra el Estado y su gobierno (recordar policías, indígenas, etc).
·       No obstante haber ganado el último referéndum (la Consulta Popular) no fue con el resultado por él esperado; tiene algo menos de popularidad; y flancos de confrontación con los indígenas y educadores, dos grupos muy fuertes; y persisten resquemores con la policía.

Entre los aspectos más comunes de su política de comunicación, bien orquestada desde el Palacio Presidencial, mediante la figura de Fernando Alvarado y otros funcionarios, se destacan.

·       Descalificación pública de los medios y periodistas a través de insultos y epítetos.
·       Cadenas nacionales – sus famosas alocuciones sabatinas – en las que tiene un espacio y tiempo determinados para hablar de los medios “la libertad de expresión ya es de todos”
·       Discriminación de la publicidad oficial.
·       Acoso judicial mediante querellas y demandas super millonarias
·       Acoso legal, bajo la insistencia
·       Acoso populista, mediante una consulta popular en la que aprovechó a establecer dos preguntas específicas sobre medios.

octubre 17, 2010

Periodistas en ayuno y protesta

Mañana estaremos en La Paz con una delegación internacional de la SIP para expresar solidaridad a la prensa boliviana, especialmente a 31 periodistas de ese país que siguen en ayuno y en protesta en contra de los artículos 16 y 23 de le ley antirracista promulgada a principios de mes por el presidente Evo Morales.

Los periodistas bolivianos en un movimiento heterogéneo y que incluye a reporteros, editores y directores de todo tipo de medio, criterio editorial e ideología, han salido a las calles desde que la ley era solo un proyecto. Hasta el momento, se dice que han recolectado 240 mil firmas en apoyo para tratar de que se anulen esos dos artículos, pero no la ley, a la que se considera importante en un país en que una gran mayoría, históricamente, ha sido discriminada por su etnia o color.

La Confederación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia inició con éxito la recolección de firmas que se dispone en las capitales departamentales y ciudades intermedias, invitando a la gente a rechazar los “artículos mordaza”.

Lo que más ha molestado a los periodistas y la prensa en general es que los legisladores no tuvieron en cuenta sus constantes reclamos sobre que los artículos, que permiten drásticas sanciones contra los medios, fueran revocados o al menos considerados a tiempo.

El presidente de la Comisión de Constitución de la Cámara de Senadores, Eugenio Rojas (MAS), informó ayer que la Asamblea Legislativa está abocada a redactar una norma que regule que todas las leyes sean elaboradas con participación de los ciudadanos.

Algunos periódicos, como La Prensa, de la Paz, en una forma de hacer tomar conciencia a la ciudadanía sobre los problemas que acarreará la ley a la libertad de prensa, publican mensajes como éste, y a continuación uno de los artículos en cuestión – además del lema que guía a todos los medios en esta campaña:
“Por las implicaciones que conlleva el artículo 16 de la Ley contra el racismo nos vemos obligados a suspender los comentarios, con la finalidad de evitar sanciones”.

"Artículo 16. (Medios masivos de comunicación). El medio de comunicación que autorizare y publicare ideas racistas y discriminatorias será pasible de sanciones económicas y de suspensión de licencia de funcionamiento, sujeto a reglamentación."

“No hay democracia sin libertad de expresión”.

enero 14, 2010

Solidaridad con medios haitianos

Me sumo a la expresión de solidaridad que emitió esta tarde la Sociedad Interamericana de Prensa que envió un mensaje especial a los medios de comunicación y periodistas haitianos que a pesar de la tragedia del terremoto y sus propios problemas familiares “se han avocado con sacrificio a informar y servir a su pueblo mediante los escasos recursos disponibles y a través de internet”.

El presidente de la institución, Alejandro Aguirre, expresó “nuestra total solidaridad con el pueblo haitiano y, en particular, con los medios de comunicación que, tras resistir a este devastador golpe de la naturaleza, se han avocado con sacrificio a informar y servir a su pueblo mediante los escasos recursos disponibles y a través del internet”.

La SIP pudo advertir que si bien la catástrofe por el terremoto en Haití silenció a prácticamente todos los medios de comunicación, ha provocado una movilización mundial a través de los medios electrónicos y las redes sociales como Facebook y Twitter.

Facebook informó que desde el terremoto ha recibido en sus páginas un promedio de 1.500 actualizaciones por minuto con la palabra Haití. La página Yele Haití, un sitio de ayuda abierto por el cantante de origen haitiano Wyclef Jean fue el miércoles la segunda cuenta con más actividad de Twitter. En Twitter también se registró un tráfico increíble para la página de la Cruz Roja que en tan solo dos días recaudó más de dos millones de dólares a través de mensajes de texto que pueden mandar los usuarios. además

La sección iReport.com de la cadena CNN también ha servido como un vínculo valioso entre la comunidad haitiana en Estados Unidos y sus compatriotas dentro de su país.

Solo una radioemisora quedó en capacidad de operar en Haití después del sismo. Con el colapso de las líneas telefónicas la línea por el internet Skype ha ayudado enormemente a mantener la comunicación, mientras comienza a llegar la ayuda internacional masiva.

Aguirre también envió un mensaje especial a Max Chauvet, director del periódico Le Nouvelliste, uno de los socios más importantes que la institución tiene en la nación caribeña.

noviembre 29, 2009

Mujica y su tendencia contra los medios

José Mujica ganó la presidencia de Uruguay en el ballotage de hoy y si bien los medios de comunicación le darán el tradicional los 100 días sin tantas críticas para ver como se acomoda y hamaca, seguramente el debate prensa – gobierno surgirá antes de que termine ese período de gracia.

Es que ya durante la campaña electoral, el ex tupamaro y senador oficialista, venía argumentando a favor de que el gobierno tuviera mayor incidencia en los medios de comunicación, ya sea controlando su contenido como imponiéndolo.

En el informe reciente de la SIP divulgado el mes pasado en Buenos Aires, se relata que Mujica quiere “imponer al sistema de comunicación, campañas públicas permanentes para el desarrollo de valores colectivos, así como exigir y obligar desde el gobierno espacios mínimos de producción nacional en radio y televisión, modelo como el que en la década de los años ‘40 estableció en Argentina el ex presidente Juan Domingo Perón”.

El informe explica que en los últimos meses, Mujica criticó, culpó y acusó continuamente la tarea de los medios y de los periodistas.
Veremos que sucede en los próximos meses, pero si Mujica sigue los pasos que han dado otros gobiernos populistas de la región, lo más seguro es que en los primeros meses de gobierno ya irá delineando una estrategia de control del periodismo.

septiembre 22, 2008

¿Cubrir o DEScubrir?

Así como Hamlet hablaba de “ser o no ser”, creo – y sigo sosteniendo – que “cubrir o descubrir” es lo que diferencia al buen periodismo del mediocre. La calidad del periodismo puede ser medido en cuanto pueda ser capaz de investigar o arrojar luz sobre realidad que alguien quiere mantener en la oscuridad.

Lamentablemente, en esta época de recortes presupuestarios, y como se observa en Estados Unidos en forma especial, se está observando que los medios están perdiendo calidad optando por un periodismo más de denuncia que de investigación, que se nutre de propalar denuncias que le llegan más que “fabricarlas” o “desenterrarlas” desde su propia cocina.

En muchos casos los medios, en especial aquellos periódicos que en una época eran puntos de referencia y marcaban la agenda pública de la comunidad o del país, se han transformado en simples propaladores de noticias, en traductores de denuncias del poder público que los utiliza como instrumentos de propaganda o relaciones públicas o en simples medios que han sucumbido al marketing y que hablan lo que la gente quiere escuchar.

Muchos medios hablan de lo que dicen otros medios y siguen siempre a las noticias de atrás, desperdiciándose así la responsabilidad de descubrir, liderar en sus comunidades y de esa forma crear agenda pública.

Analicemos a los medios en nuestra ciudad: ¿Cubren o DEScubren?

Investigar al poder más que a confrontarlo

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