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julio 27, 2026

Fútbol, agua y estrellas

En Estados Unidos, las encuestas muestran que el Mundial impulsará el soccer masculino, pero se necesitará más agua y estrellas para que el negocio sea redondo.

Las pausas de hidratación le dieron a la televisión el espacio publicitario que los cortes de cualquier otro deporte estadounidense le otorgan. Aunque escasos en tiempo, tres minutos cada uno bastaron para que Fox embolsara al menos 250 millones de dólares solo con esas ventanas.

Sin estas pausas o sin la creatividad para crear otros espacios, no le resultará fácil al soccer competir con otros deportes. La transmisión televisiva del fútbol americano dura, en promedio, unas tres horas y doce minutos, con un tiempo total de juego de 60 minutos. La NBA reparte sus 48 minutos en cancha para una transmisión total de cerca de dos horas y media. Esos tiempos se extienden porque siempre hay que definir al ganador, cuando en el soccer basta con un empate para terminar el juego a los 90 minutos.

Más allá del agua, en la era de la saturación de la atención y del magnetismo, otro fenómeno lo representaron las celebridades. Terminaron por validar y aumentar una audiencia masiva en los estadios y en la televisión.

¿Por qué las celebridades convierten todo en oro? Jack Fuller lo explica desde la neurociencia en "What Is Happening to News". Las celebridades regalan una ilusión de intimidad y, con solo aparecer y por contagio, certifican lo que tocan.

Ese contagio, como el de Beyoncé, Kylie Jenner, Timothée Chalamet, Brad Pitt y Javier Bardem, entre otras estrellas, otorga a un evento, en especial a nuevos espectadores, una certificación que ninguna publicidad puede comprar.

Los futbolistas también atraen por su magnetismo de estrellas (Mbappé, Haaland, Bellingham, Kane, Ronaldo o Messi), como si fueran luminarias de Hollywood. 

Hasta hace poco, la conjunción deportista-estrella en Estados Unidos era exclusiva de personajes como LeBron James y Tom Brady. Pero el fútbol cambió de escala cuando Messi llegó al Inter Miami en 2023 y LeBron y Serena Williams, entre muchos otros, asistieron a su debut. Decenas de figuras del mundo deportivo y hollywoodense lo visitan cuando juega como visitante, en estadios repletos y reservados para deportes mayores, como si el Inter Miami jugara de local.

Ahora, la MLS, como antes lo hizo con Pelé en Nueva York o con Beckham en Los Ángeles, también sigue atrayendo a grandes estrellas que, aunque ya no son tan fulgurantes, todavía tienen tiempo para atraer multitudes, como los últimos fichajes de Griezmann en Orlando y de Lewandowski en Chicago.

La mayor atracción de estas estrellas también se juega en las vallas publicitarias. En este Mundial, lleno de exfutbolistas y exmundialistas, solo Beckham facturó 25 millones por promocionar 13 empresas.

Más allá del tiempo en pantalla y del impacto de las celebridades, subestimar a Estados Unidos en cualquier deporte puede ser un error.

La prueba está en que tiene la selección de soccer femenino más laureada del mundo, con cuatro Copas del Mundo (1991, 1999, 2015 y 2019), cinco medallas de oro olímpicas (1996, 2004, 2008, 2012 y 2024) y trece años en el top del ranking de la FIFA para mujeres desde que se inauguró en 2003.

Esto no se consiguió ni con agua ni con estrellas. Después del Mundial de 1994, el fútbol se instaló entre los niños mediante programas en todo el país y floreció aún más entre las niñas.

El desarrollo del fútbol masculino avanza despacio, pero no deja de ser auspicioso. Una encuesta de Ipsos revela que el 57% de los estadounidenses cree que este Mundial aumentará el interés general por el fútbol. Otra, de YouGov, publicada la víspera de la final, ya lo ubica como el tercer deporte favorito del país, detrás de la NFL y la NBA.

Por ahora, a Estados Unidos le basta con haber convertido el Mundial en el negocio más rentable de su historia deportiva. Habrá que ver si basta con el agua y las estrellas o si asume los valores del fútbol femenino para seguir recorriendo el camino.

noviembre 27, 2016

Trump: Celebridades y Falsedades

El triunfo de Donald Trump sigue cosechando críticas. Se dice, con algo de razón, que las grandes mentiras que circularon por Facebook y otras redes sociales le dieron la Presidencia.

Es probable que las noticias falsas que muchos creyeron verídicas - que estaba ganando el voto popular y que el papa Francisco lo respaldaba - hayan influido, pero de ahí a que le hubieran dado la victoria es una hipótesis desproporcionada.

Sin dudas que Trump fue aupado en las redes. El académico Pablo Bockowsky, mucho antes del día de las elecciones, advertía que Trump tenía una ventaja de 27 a 1 sobre Hillary en algunas redes, en donde a ella se le descalificaba por representar la continuidad del establishment.

Creo que lo que se reafirmó con Trump fue el “efecto celebridad”, el magnetismo de la gente por alguien que representa los sueños reales de fama y dinero a futuro, y que puede decir o hacer cualquier cosa sin los prejuicios sociales que maniatan al resto de la sociedad. Esto, antes reservado a los periódicos sensacionalistas, a programas de chismes y telenovelas, en donde la protagonista subyugada saltaba de pobre y humilde a rica y famosa en un par de capítulos, está ahora amplificado por las redes sociales.

De ahí que el trasero de Kim Kradashian o las payasadas de Justin Bieber tengan más seguidores que el filántropo Bill Gates. Y que el slogan “trumpista” de El Aprendiz, “You’re fired” (estás despedido) o fanfarronadas como aquellas de Mohamed Ali, “soy el más grande” o las de Floyd Mayweather contando su plata en público, sean más potentes que “el tuve un sueño” de Martin Luther King. La superficialidad siempre tendrá más adeptos y seguidores, solo basta con la lista de las personas a las que esta semana el presidente Barack Obama condecoró con la Medalla de la Libertad, la distinción civil más alta del país: Diana Ross, Michael Jordan, Tom Hanks, Robert Redford, Ellen DeGeneres y Robert de Niro, entre otras personalidades que la prensa ni siquiera mencionó.

Tampoco se puede salvar la responsabilidad de las redes sociales, como trató de hacer Mark Zuckerberg de Facebook, que no cree que las noticias falsas influyeron negativamente en las elecciones. Si bien las redes han servido para democratizar la comunicación e incentivar movimientos democratizadores como el de la Primavera Árabe, también han servido para amplificar las falsedades, los engaños e incentivar todo tipo de delincuencia, como la pornografía infantil, la trata de personas, el narcotráfico y el terrorismo.

También, en muchos casos, más allá del narcisismo de las selfies, las fotos de comidas, bebidas y viajes, las frases de autoayuda, los indeseables tag y shares, y el sarcasmo político, las redes sociales y los comentarios debajo de las noticias, se están trasformando en cloacas nauseabundas en las que el acoso, el bullying y los insultos, están provocando distanciamientos y, en muchos casos, alejamiento y autocensura.

Las redes sociales como Facebook y los buscadores como Google no pueden hacerse los desentendidos, algo que luego entendió Zuckerberg. Como responsables de plataformas de comunicación, así como los medios tradicionales lo hicieron siempre, tienen que establecer reglas de juego claras. Fue una buena medida que de inmediato, Facebook y Google, mediante nuevos algoritmos y formatos hayan decidido vetar todo tipo de publicidad en páginas de noticias falsas, con la idea de ahogar financieramente a ese tipo de fechoría.

Si bien antes tomaron medidas para combatir la propagación de la pornografía infantil o que los terroristas puedan reclutar mercenarios, deben ahora hacer más, para que las mentiras no se popularicen como verdades. Zuckerberg que esta semana, está adaptando Facebook a la censura del gobierno de China para entrar en ese mercado, es obvio que tiene los mecanismos técnicos y humanos para imponer mejoras, así como Google está implementando el “Proyecto Trust” (confianza) y “Local News”, para etiquetar y diferenciar todas las fuentes de noticias fidedignas por sobre las falsas.


Twitter en la cuerda floja, así como antes My Space, demuestra que la salud de las redes no solo depende de la tecnología la expansión de sus mercados, sino también de la credibilidad y la confianza de los usuarios. trottiart@gmail.com

Prensa libre = libre empresa ≠ IA

En la conferencia SIPConnect 2026 celebrada esta semana en Miami, el periodismo mostró la dicotomía que enfrenta hoy. Cómo aprovechar la int...