El fin que
despertó la incertidumbre
Siento
la satisfacción de la certeza. El chavismo ha sido descabezado.
Dediqué
gran parte de mi trabajo a combatir un régimen que durante 27 años conculcó la
libertad de prensa y de expresión, secuestró los poderes públicos y vació de
sentido el derecho al voto frente a liderazgos legítimos como los de Juan
Guaidó y Edmundo González Urrutia. Una “revolución” que encarceló disidentes,
devoró a la oposición y exportó una ideología enfermiza financiada con
petrodólares. Su mayor “logro” fue una tragedia histórica, convertir la riqueza
en miseria y expulsar a más de ocho millones de venezolanos de su tierra.
Pero tras la certeza aparece la ansiedad por lo incierto. ¿Está
realmente muerto este monstruo de mil cabezas? ¿El chavismo se sostenía solo en
Nicolás Maduro? ¿Puede la vicepresidenta del chavismo, Delcy Rodríguez, abrir
las puertas a la oposición? ¿De verdad María Corina Machado o González Urrutia
carecen del consenso necesario para liderar una transición, como sugirió Donald
Trump? ¿Qué pasará con los líderes chavistas a quienes EE.UU. acusa de los
mismos delitos que pesan sobre Maduro y su esposa? ¿Convertirá EE.UU. a
Venezuela en un protectorado durante la transición? ¿Habrá, siquiera, una
transición?
Días atrás publiqué una columna en El Tribuno de Salta en la que analizo la lógica de este “segundo acto” de Trump, su pragmatismo visceral, su desdén por la institucionalidad y una visión en la que la seguridad y la política no se rigen por principios, sino que se negocian por costos. Leer en post anterior.

1 comentario:
Son todas buenas preguntas.
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