enero 31, 2026

Presos políticos y las cosas por su nombre

Ayer fue un día importante para la democracia y los derechos humanos en América Latina. Tras 27 años, el régimen chavista decretó la liberación de todos los presos políticos.

Varios medios presentaron la noticia como un gesto de buena voluntad del nuevo gobierno que encabeza Delcy Rodríguez. Se sostuvo incluso que el decreto había sido firmado por Nicolás Maduro antes de su captura el 3 de enero, en un intento por preservar la reputación del líder en desgracia. Otros, con un persistente romanticismo hacia la izquierda, volvieron a salvar la figura de Hugo Chávez y a endilgar exclusivamente a Maduro los atropellos a los derechos humanos del chavismo.

Ese relato omite un dato esencial. Fue Chávez quien, desde 1999, instauró el andamiaje político, institucional y represivo que hizo posible todo lo que vino después. Culpar solo a Maduro es tan falaz como responsabilizar a Díaz-Canel del fracaso de Cuba para exonerar a Fidel Castro y a su hermano.

Hay dos cosas que no conviene perder de vista. La liberación de los presos políticos es una exigencia reiterada de la oposición venezolana y de la comunidad internacional. Pero, sobre todo, es una respuesta directa a lo ocurrido el 3 de enero y al tutelaje efectivo que Estados Unidos ejerce sobre Venezuela desde entonces.

Que no nos guste Donald Trump, o que nos incomode el intervencionismo estadounidense, es una cosa. Ignorar que esta liberación no habría ocurrido sin la presión del gobierno de Estados Unidos es otra muy distinta. Como también lo es pasar por alto que el chavismo, en apenas tres días, avanzó en la privatización del sector petrolero del que se aferró durante décadas para generar corrupción y proyectar su modelo de control político a otros países.

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