La semana pasada con la Sociedad Interamericana de Prensa organizamos una conferencia en Washington en conjunto con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y las universidades estadounidenses American y Stanford.
El objetivo de la conferencia denominada “El sistema interamericano de derechos humanos y la libertad de expresión” fue educar a futuros líderes sobre los mecanismos supranacionales e intergubernamentales que pueden ser utilizados para defender y promover la libertad de expresión de los ciudadanos de las Américas. Participaron más de 70 estudiantes de Derecho y Periodismo de 15 universidades procedentes de 11 países de América Latina y las mencionadas de EE.UU.
Estas son algunas de las conclusiones más destacadas a las que arribaron los estudiantes, luego de debatir las temáticas presentadas por expertos internacionales.
• Tanto académicos como jueces y fiscales deben recibir mayor entrenamiento sobre el sistema internacional de derechos humanos.
• La CIDH debería tener criterios más rigurosos de admisibilidad de denuncias, motivar que más casos lleguen a instancias de “solución amistosa” y que junto con la Corte Interamericana, resuelva más casos sobre libertad de expresión y de prensa para generar mayor jurisprudencia.
• Para que el sistema opere con efectividad y equidad, todos los estados, incluidos Estados Unidos, Canadá y países caribeños, deben ratificar la Convención Americana sobre derechos Humanos.
• Las recomendaciones sobre presupuesto y operatividad que el Consejo Permanente de la OEA hizo a la CIDH sobre la Relatoría Especial para Libertad de Expresión, ponen en peligro la autonomía y efectividad de esa oficina.
• Deben eliminarse las leyes de desacato así como despenalizarse los delitos de difamación cuando son las autoridades públicas son las afectadas, mientras tanto debe haber límites a las responsabilidades civiles.
• Los periodistas deben tener una protección especial debido a su función social, remarcándose la necesidad de la imprescriptibilidad de los crímenes contra periodistas, así como la de crear sistemas de protección.
• Las normas de transparencia e información pública son de escaso y difícil cumplimiento, necesitándose crear organismos autónomos de control y educación capaces de generar una cultura de acceso en que los estados se vean menos renuentes a divulgar información y los ciudadanos a pedirla.
Blog por Ricardo Trotti: estoy terminando la segunda entrega de la trilogía "Robots con Alma". La primera fue sobre la verdad y la libertad. Esta, sobre la creatividad. Compárteme tus inquietudes, opiniones o ideas por email: trotttiart@gmail.com
abril 04, 2012
abril 03, 2012
Mis recuerdos sobre Malvinas
Siempre recordamos lo que hacíamos en el preciso momento que sucede un acontecimiento importante de la historia. La perplejidad del hecho pareciera que deja una cicatriz en el cerebro.
En mi caso son muchas esas fechas, entre ellas: El 11 de setiembre de 2001 estaba yendo hacia mi trabajo aquí en Miami cuando en el auto escuché por Radio Caracol la noticia de que un avión había chocado contra una de las torres; media hora después ya en mi oficina la noticia era otra, no se trataba de un simple accidente como los periodistas habían originalmente reportado.
El 24 de marzo de 1976 estaba en Buenos Aires pronto a atender una de mis primeras clases de universidad sobre organización de empresas en la UADE, cuando escuché el primer parte del triunvirato militar sobre el golpe de Estado.
El 1 de julio de 1973, la noticia sobre la muerte de Juan Domingo Perón, nos la dieron cuando estaba practicando básquet para el equipo de mi escuela secundaria, de los Hermanos Maristas, en la cancha de Alumni, en San Francisco, Córdoba.
El 2 de abril de 1982 me enteré del inicio de la guerra de las Islas Malvinas en Menomonie, en el estado de Wisconsin, a través de un viejo televisor en la escuela secundaria del pueblo donde trabajaba como profesor visitante, enseñando español. Con la noticia recordé los sin sentidos que había vivido meses antes cuando trabajaba como personal administrativo en la Embajada Argentina en Washington DC, a una cuadra del Dupont Circle.
Recordé que a principios de diciembre anterior, de 1981, tuve que trasladar al teniente general Leopoldo Galtieri junto a dos diplomáticos argentinos a algún lugar de Washington, y durante el traslado escuché hablar de las Islas Malvinas, de soberanía, de relaciones con EE.UU. y una postura esquiva de Ronald Reagan ante Argentina, aunque ninguna mención ni referencia se hizo a la guerra o a una futura invasión. En realidad, era tan casual la charla que ni le presté atención, menos a un tema como las Malvinas que no generaba interés de parte de los ciudadanos comunes, menos a mí que había llegado a Washington en agosto de 1981 a buscar trabajo, con una mano atrás y otra adelante.
Por aquellas cosas del destino y la ayuda de Dios, llegué a Washington el día de mi cumpleaños y ese mismo día me dieron trabajo en la Embajada Argentina como personal administrativo. Quien me contrató me dijo que debía empezar de inmediato ya que estaba por llegar el canciller argentino, Nicanor Costa Méndez.
Todavía hoy recuerdo aquel 2 de abril de 1982 y como recordé que meses antes conocí personalmente a dos personas, que serían tan importantes en cuanto a la decisión de invadir las Malvinas como Galtieri y Costa Méndez. Aunque en ese momento ni idea que Galtieri sería el presidente reemplazando el 22 de diciembre al general Roberto Viola que había sido destituido por los militares por incapacidad para gobernar unos diez días antes.
Calculé, en aquel entonces desde Menomonie, que Galtieri, recibido con honores en la embajada y con mucho whisky, ya sabía que sería el presidente, que la cruzada por Malvinas ya estaba trazada y que Reagan no apoyaría a la Argentina despreciando a su histórico aliado, Inglaterra, y a su alma gemela, Margaret Thatcher.
Semanas posteriores en Menomonie me convertí en curiosidad de periodistas del diario y la radio locales y empecé a vivir una ansiedad frenética mirando por televisión como la Plaza de Mayo estaba efervescente, como en el Pentágono especulaban sobre mapas y tiempos en los que arribaría la Armada Británica a las Islas Malvinas, y leyendo las cartas de mi papá en las que defendía la posición de los militares y hablaba de bajas de soldados ingleses y barcos hundidos, con el mismo fervor que me escribía o llamaba por teléfono sobre las victorias de River.
Mi televisión, radio y la revista Time hablaban de otra guerra diferente a la que me describían las cartas de mi papá y de mis amigos. En aquel entonces, cuando ni los fax ni e-mails y redes sociales se soñaban como parte del futuro, sabía que el destiempo entre las dos realidades – la comunicada por las autoridades argentinas y la que se sabía en EE.UU. – beneficiaba las estrategias de guerra psicológica que empleaban las partes en conflicto y el mediador, EE.UU., que nunca lo fue.
Luego el 14 de junio de 1981, cuando el gobernador argentino de Malvinas, Mario Benjamín Menéndez, firmó la esperada e irremediable rendición, yo todavía estaba en Menomonie. Sin embargo, jamás pude recordar que hacía en ese momento. Fue un día doloroso, eso sí, aunque ya hacía tiempo que venía racionalizando que la guerra era una locura pese a la elocuencia y legitimidad de recuperar un territorio que por aquel entonces ya tenía 150 años de haber sido usurpado por los ingleses.
En mi caso son muchas esas fechas, entre ellas: El 11 de setiembre de 2001 estaba yendo hacia mi trabajo aquí en Miami cuando en el auto escuché por Radio Caracol la noticia de que un avión había chocado contra una de las torres; media hora después ya en mi oficina la noticia era otra, no se trataba de un simple accidente como los periodistas habían originalmente reportado.
El 24 de marzo de 1976 estaba en Buenos Aires pronto a atender una de mis primeras clases de universidad sobre organización de empresas en la UADE, cuando escuché el primer parte del triunvirato militar sobre el golpe de Estado.
El 1 de julio de 1973, la noticia sobre la muerte de Juan Domingo Perón, nos la dieron cuando estaba practicando básquet para el equipo de mi escuela secundaria, de los Hermanos Maristas, en la cancha de Alumni, en San Francisco, Córdoba.
El 2 de abril de 1982 me enteré del inicio de la guerra de las Islas Malvinas en Menomonie, en el estado de Wisconsin, a través de un viejo televisor en la escuela secundaria del pueblo donde trabajaba como profesor visitante, enseñando español. Con la noticia recordé los sin sentidos que había vivido meses antes cuando trabajaba como personal administrativo en la Embajada Argentina en Washington DC, a una cuadra del Dupont Circle.
Recordé que a principios de diciembre anterior, de 1981, tuve que trasladar al teniente general Leopoldo Galtieri junto a dos diplomáticos argentinos a algún lugar de Washington, y durante el traslado escuché hablar de las Islas Malvinas, de soberanía, de relaciones con EE.UU. y una postura esquiva de Ronald Reagan ante Argentina, aunque ninguna mención ni referencia se hizo a la guerra o a una futura invasión. En realidad, era tan casual la charla que ni le presté atención, menos a un tema como las Malvinas que no generaba interés de parte de los ciudadanos comunes, menos a mí que había llegado a Washington en agosto de 1981 a buscar trabajo, con una mano atrás y otra adelante.
Por aquellas cosas del destino y la ayuda de Dios, llegué a Washington el día de mi cumpleaños y ese mismo día me dieron trabajo en la Embajada Argentina como personal administrativo. Quien me contrató me dijo que debía empezar de inmediato ya que estaba por llegar el canciller argentino, Nicanor Costa Méndez.
Todavía hoy recuerdo aquel 2 de abril de 1982 y como recordé que meses antes conocí personalmente a dos personas, que serían tan importantes en cuanto a la decisión de invadir las Malvinas como Galtieri y Costa Méndez. Aunque en ese momento ni idea que Galtieri sería el presidente reemplazando el 22 de diciembre al general Roberto Viola que había sido destituido por los militares por incapacidad para gobernar unos diez días antes.
Calculé, en aquel entonces desde Menomonie, que Galtieri, recibido con honores en la embajada y con mucho whisky, ya sabía que sería el presidente, que la cruzada por Malvinas ya estaba trazada y que Reagan no apoyaría a la Argentina despreciando a su histórico aliado, Inglaterra, y a su alma gemela, Margaret Thatcher.
Semanas posteriores en Menomonie me convertí en curiosidad de periodistas del diario y la radio locales y empecé a vivir una ansiedad frenética mirando por televisión como la Plaza de Mayo estaba efervescente, como en el Pentágono especulaban sobre mapas y tiempos en los que arribaría la Armada Británica a las Islas Malvinas, y leyendo las cartas de mi papá en las que defendía la posición de los militares y hablaba de bajas de soldados ingleses y barcos hundidos, con el mismo fervor que me escribía o llamaba por teléfono sobre las victorias de River.
Mi televisión, radio y la revista Time hablaban de otra guerra diferente a la que me describían las cartas de mi papá y de mis amigos. En aquel entonces, cuando ni los fax ni e-mails y redes sociales se soñaban como parte del futuro, sabía que el destiempo entre las dos realidades – la comunicada por las autoridades argentinas y la que se sabía en EE.UU. – beneficiaba las estrategias de guerra psicológica que empleaban las partes en conflicto y el mediador, EE.UU., que nunca lo fue.
Luego el 14 de junio de 1981, cuando el gobernador argentino de Malvinas, Mario Benjamín Menéndez, firmó la esperada e irremediable rendición, yo todavía estaba en Menomonie. Sin embargo, jamás pude recordar que hacía en ese momento. Fue un día doloroso, eso sí, aunque ya hacía tiempo que venía racionalizando que la guerra era una locura pese a la elocuencia y legitimidad de recuperar un territorio que por aquel entonces ya tenía 150 años de haber sido usurpado por los ingleses.
Libertad de prensa en Congreso de EE.UU.
Dos importantes senadores federales estadounidenses de origen hispano, Marco Rubio y Robert Menéndez, por Florida y Nueva Jersey, respetivamente, expresaron su profunda preocupación por los restrictivos espacios a la libertad de prensa y de expresión en el gobierno de la presidente Cristina de Kirchner.
La semana pasada en una conferencia organizada por Freedom House, y de la que también fue parte el presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, Milton Coleman, los senadores criticaron la falta de libertad de prensa en Argentina, acusando al gobierno de varios desmanes en esta materia, en particular por la ley promulgada en diciembre pasado que permitió la nacionalización de la fabricación y distribución de papel para diarios.
Los senadores también calificaron de “inaceptable” que el gobierno mantenga una política de agresión sistemática contra los periodistas y medios de comunicación independientes.
Ambos senadores son representantes de sus partidos – Rubio del Republicano y Menéndez del Demócrata – en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso.
Fue importante que el senador Rubio dijera que el tema de las agresiones a la libertad de prensa sea parte de la discusión de las relaciones bilaterales entre Argentina y EE.UU. Según Rubio, como se destaca en la edición del diario Clarín de Buenos Aires, “EE.UU. no le puede decir a la Argentina lo que tiene que hacer; pero cada vez que en Argentina se violen esos derechos básicos es nuestra obligación hablar en favor de la libertad de prensa en todos los medios y lugares posibles, en la Cumbre de las Américas que tendrá lugar en dos semanas, en la OEA, en la ONU y en nuestras relaciones bilaterales”.
Carta de periodistas al gobierno
Mientras en EE.UU. se daba esta conferencia, un nutrido grupo de periodistas argentinos enviaba una carta al jefe de Gabinete argentino, Juan Manuel Abal Medina, en respuesta a una declaración pública en la que el funcionario criticaba a los periodistas respondiendo que si el gobierno no daba conferencias de prensa “es porque estamos trabajando”.
Los periodistas recordaron que la Presidenta no da conferencias de prensa sino que habla por intermedio de actos públicos en los cuales a los periodistas no se les permite interactuar, a lo que calificaron de comunicación de “vía única”.
También aprovecharon para criticar al gobierno y a la Presidenta por un sinnúmero de agresiones verbales, físicas y simbólicas en contra de los periodistas, desde que son calificados de “nazis” hasta que se les hiciera un juicio público en plaza de Mayo, porque según organizaciones gubernamentales, fueron cómplices de la dictadura.
La semana pasada en una conferencia organizada por Freedom House, y de la que también fue parte el presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, Milton Coleman, los senadores criticaron la falta de libertad de prensa en Argentina, acusando al gobierno de varios desmanes en esta materia, en particular por la ley promulgada en diciembre pasado que permitió la nacionalización de la fabricación y distribución de papel para diarios.
Los senadores también calificaron de “inaceptable” que el gobierno mantenga una política de agresión sistemática contra los periodistas y medios de comunicación independientes.
Ambos senadores son representantes de sus partidos – Rubio del Republicano y Menéndez del Demócrata – en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso.
Fue importante que el senador Rubio dijera que el tema de las agresiones a la libertad de prensa sea parte de la discusión de las relaciones bilaterales entre Argentina y EE.UU. Según Rubio, como se destaca en la edición del diario Clarín de Buenos Aires, “EE.UU. no le puede decir a la Argentina lo que tiene que hacer; pero cada vez que en Argentina se violen esos derechos básicos es nuestra obligación hablar en favor de la libertad de prensa en todos los medios y lugares posibles, en la Cumbre de las Américas que tendrá lugar en dos semanas, en la OEA, en la ONU y en nuestras relaciones bilaterales”.
Carta de periodistas al gobierno
Mientras en EE.UU. se daba esta conferencia, un nutrido grupo de periodistas argentinos enviaba una carta al jefe de Gabinete argentino, Juan Manuel Abal Medina, en respuesta a una declaración pública en la que el funcionario criticaba a los periodistas respondiendo que si el gobierno no daba conferencias de prensa “es porque estamos trabajando”.
Los periodistas recordaron que la Presidenta no da conferencias de prensa sino que habla por intermedio de actos públicos en los cuales a los periodistas no se les permite interactuar, a lo que calificaron de comunicación de “vía única”.
También aprovecharon para criticar al gobierno y a la Presidenta por un sinnúmero de agresiones verbales, físicas y simbólicas en contra de los periodistas, desde que son calificados de “nazis” hasta que se les hiciera un juicio público en plaza de Mayo, porque según organizaciones gubernamentales, fueron cómplices de la dictadura.
abril 02, 2012
Las Malvinas son argentinas
La soberanía de Argentina sobre las Islas Malvinas no se puede prestar a discusión, pese a que algo más de tres mil isleños quieran seguir perteneciendo a la Corona Británica después de que ese país las usurpara al gobierno libre e independiente argentino el 3 de enero de 1833.
En este día en que se conmemora el 30 aniversario de la guerra de las Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña, es bueno reflexionar sobre la vida de los 649 veteranos argentinos, 255 británicos y tres malvinenses muertos en la guerra. En honor y memoria a ellos y todos los soldados, oficiales y civiles que les sobrevivieron, sería importante que las partes en conflicto se sentaran a la mesa de negociaciones para discutir sobre la soberanía de las islas como la ONU reclama desde 1965.
Existe hoy un contexto diferente al que reinaba 30 años atrás cuando la invasión argentina a las Islas Malvinas ocurrió por sorpresa y cuando todos pensaban que antes de que llegara la Armada Británica al archipiélago sur, habría una salida pacífica a la disputa. Lamentablemente, el hundimiento del crucero General Belgrano por parte del submarino HMS Conqueror no solo sepultó la vida de 323 marinos argentinos sino también la esperanza de un acuerdo diplomático.
Está claro que la reivindicación por las armas de parte de Argentina fue una manera de incentivar el nacionalismo para extender a un gobierno militar, al mando del general Leopoldo Galtieri, que por entonces hacía agua. Pero también es cierto que esas mismas condiciones las encontró la primera ministra Margaret Thatcher, a quien la guerra le vino como anillo al dedo.
También es cierto que la actual presidenta Cristina de Kirchner tiene en la escalada de este conflicto diplomático una razón valedera para mantener y aumentar su popularidad, menguada por una economía proteccionista que compromete la estabilidad de su gobierno. Sin embargo, más allá de sus formas, las intenciones de la Presidenta coinciden con la de millones de argentinos que, con sentido común, piensan que un territorio tan cercano, dentro de la plataforma territorial y habiendo sido usurpado hace 179 años, no puede permanecer como colonia de ninguna potencia extranjera.
Para muchos no solo se trata de un tema político, como cuando Gran Bretaña devolvió Hong Kong a China, sino un tema profundamente económico desde que ya hay perforaciones que indican reservas petrolíferas de consideración en el mar cerca de las islas; además de su estratégica posición geográfica a solo cientos de kilómetros de la Antártida, el reservorio de agua potable más importante del planeta.
Aunque coincido con el periodista Andrés Oppenheimer, del The Miami Herald, de que la posición del gobierno argentino se fortalecería si tratara de alcanzar un mejor acuerdo con los isleños (como promover viajes gratuitos de los malvinenses al continente), en vez de tener una política de confrontación con el gobierno británico; creo, sin embargo, que igualmente el gobierno argentino tiene derecho a generar presiones económicas y financieras con la finalidad de presionar a su contraparte para acordar un diálogo en el marco de la petición de la ONU.
No estoy muy seguro si las presiones contra entidades económicas y financieras de EE.UU. y de Gran Bretaña que asisten a compañías petroleras multinacionales encargadas de las perforaciones tendrán éxito por sí solas. Pero estimo que son medidas adecuadas de presión que tanto EE.UU. como Gran Bretaña utilizan a menudo y en forma sistemática para lograr sus fines. Leáse el embargo económico en vigencia más antiguo, como el de EE.UU. a Cuba con cinco décadas de duración y las medidas económicas más recientes impuestas por ambas potencias a Irán por su política nuclear y a Libia y Siria por sus violaciones a los derechos humanos de sus disidentes y rebeldes.
Estimo que esta presión económica anunciada por la Presidente, sumada a la de varios gobiernos sudamericanos de impedir que los barcos de bandera de las Falkland Islands atraquen en sus puertos, además de la posibilidad de generar incertidumbre en el Reino Unido, permite dar un mensaje simbólico sobre la ex temporalidad de las colonias imperiales en plano siglo 21.
Estas medidas de presión, junto al mensaje de hoy desde Usuahia de la presidente Kirchner, sobre que la Argentina solo aspira a dialogar y respetar los derechos de los isleños, son totalmente elocuentes.
En este día en que se conmemora el 30 aniversario de la guerra de las Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña, es bueno reflexionar sobre la vida de los 649 veteranos argentinos, 255 británicos y tres malvinenses muertos en la guerra. En honor y memoria a ellos y todos los soldados, oficiales y civiles que les sobrevivieron, sería importante que las partes en conflicto se sentaran a la mesa de negociaciones para discutir sobre la soberanía de las islas como la ONU reclama desde 1965.
Existe hoy un contexto diferente al que reinaba 30 años atrás cuando la invasión argentina a las Islas Malvinas ocurrió por sorpresa y cuando todos pensaban que antes de que llegara la Armada Británica al archipiélago sur, habría una salida pacífica a la disputa. Lamentablemente, el hundimiento del crucero General Belgrano por parte del submarino HMS Conqueror no solo sepultó la vida de 323 marinos argentinos sino también la esperanza de un acuerdo diplomático.
Está claro que la reivindicación por las armas de parte de Argentina fue una manera de incentivar el nacionalismo para extender a un gobierno militar, al mando del general Leopoldo Galtieri, que por entonces hacía agua. Pero también es cierto que esas mismas condiciones las encontró la primera ministra Margaret Thatcher, a quien la guerra le vino como anillo al dedo.
También es cierto que la actual presidenta Cristina de Kirchner tiene en la escalada de este conflicto diplomático una razón valedera para mantener y aumentar su popularidad, menguada por una economía proteccionista que compromete la estabilidad de su gobierno. Sin embargo, más allá de sus formas, las intenciones de la Presidenta coinciden con la de millones de argentinos que, con sentido común, piensan que un territorio tan cercano, dentro de la plataforma territorial y habiendo sido usurpado hace 179 años, no puede permanecer como colonia de ninguna potencia extranjera.
Para muchos no solo se trata de un tema político, como cuando Gran Bretaña devolvió Hong Kong a China, sino un tema profundamente económico desde que ya hay perforaciones que indican reservas petrolíferas de consideración en el mar cerca de las islas; además de su estratégica posición geográfica a solo cientos de kilómetros de la Antártida, el reservorio de agua potable más importante del planeta.
Aunque coincido con el periodista Andrés Oppenheimer, del The Miami Herald, de que la posición del gobierno argentino se fortalecería si tratara de alcanzar un mejor acuerdo con los isleños (como promover viajes gratuitos de los malvinenses al continente), en vez de tener una política de confrontación con el gobierno británico; creo, sin embargo, que igualmente el gobierno argentino tiene derecho a generar presiones económicas y financieras con la finalidad de presionar a su contraparte para acordar un diálogo en el marco de la petición de la ONU.
No estoy muy seguro si las presiones contra entidades económicas y financieras de EE.UU. y de Gran Bretaña que asisten a compañías petroleras multinacionales encargadas de las perforaciones tendrán éxito por sí solas. Pero estimo que son medidas adecuadas de presión que tanto EE.UU. como Gran Bretaña utilizan a menudo y en forma sistemática para lograr sus fines. Leáse el embargo económico en vigencia más antiguo, como el de EE.UU. a Cuba con cinco décadas de duración y las medidas económicas más recientes impuestas por ambas potencias a Irán por su política nuclear y a Libia y Siria por sus violaciones a los derechos humanos de sus disidentes y rebeldes.
Estimo que esta presión económica anunciada por la Presidente, sumada a la de varios gobiernos sudamericanos de impedir que los barcos de bandera de las Falkland Islands atraquen en sus puertos, además de la posibilidad de generar incertidumbre en el Reino Unido, permite dar un mensaje simbólico sobre la ex temporalidad de las colonias imperiales en plano siglo 21.
Estas medidas de presión, junto al mensaje de hoy desde Usuahia de la presidente Kirchner, sobre que la Argentina solo aspira a dialogar y respetar los derechos de los isleños, son totalmente elocuentes.
Correa y su soberbia arrogante
El presidente ecuatoriano Rafael Correa está cada día más arrogante. Anunció que este lunes dará a conocer su decisión de si irá o no a la Cumbre Iberoamericana de Cartagena a mediados de mes, aduciendo que su decisión está enmarcada al rechazo hemisférico de que Cuba, como país no democrático, no se le ha autorizado a participar.
Más allá de sus razones, lo importante es ver cómo Correa últimamente está usando este tipo de “anuncios oficiales” para comunicar sus decisiones de “peso internacional” como si se tratara de un ser que trasciende el Ecuador, como siempre lo han hecho otros personajes autocráticos – léase Fidel Castro y Hugo Chávez – a quienes les encanta adoptar causas que afecten intereses foráneos para ser escuchados por la gran prensa internacional.
La última vez que Correa tomó un escenario internacional fue hace un par de semanas, también un lunes, cuando él mismo leyó una carta en la que perdonaba a un columnista y a tres propietarios del diario El Universo sobre quienes pesaba una condena de tres años de cárcel y 40 millones de dólares por una demanda que él había interpuesto.
A raíz del lío en que se metió con esta decisión judicial manipulada, Correa ahora adoptó una nueva causa también de carácter internacional. Se trata de una crítica acérrima contra la Comisión Interamericana de Derechos Humanos porque este organismo dictó medidas cautelares a favor de los condenados y porque en octubre pasado permitió a otros procesados, autores del libro El Gran Hermano, participar de una audiencia en la que criticaron a su gobierno.
El sábado, Correa dijo que la sede de la CIDH no debería estar en Washington dentro de un país que no ha firmado la Convención Americana sobre Derechos Humanos, la que debería trasladar su sede a Panamá.
No existen motivos suficientes para este cambio de sede, ni estatutarias ni legales, además de que no habría consenso, pero el solo hecho de embanderarse detrás de su propia causa, le permiten a Correa estar en el candelero internacional, algo que está gustándole cada vez más.
Más allá de sus razones, lo importante es ver cómo Correa últimamente está usando este tipo de “anuncios oficiales” para comunicar sus decisiones de “peso internacional” como si se tratara de un ser que trasciende el Ecuador, como siempre lo han hecho otros personajes autocráticos – léase Fidel Castro y Hugo Chávez – a quienes les encanta adoptar causas que afecten intereses foráneos para ser escuchados por la gran prensa internacional.
La última vez que Correa tomó un escenario internacional fue hace un par de semanas, también un lunes, cuando él mismo leyó una carta en la que perdonaba a un columnista y a tres propietarios del diario El Universo sobre quienes pesaba una condena de tres años de cárcel y 40 millones de dólares por una demanda que él había interpuesto.
A raíz del lío en que se metió con esta decisión judicial manipulada, Correa ahora adoptó una nueva causa también de carácter internacional. Se trata de una crítica acérrima contra la Comisión Interamericana de Derechos Humanos porque este organismo dictó medidas cautelares a favor de los condenados y porque en octubre pasado permitió a otros procesados, autores del libro El Gran Hermano, participar de una audiencia en la que criticaron a su gobierno.
El sábado, Correa dijo que la sede de la CIDH no debería estar en Washington dentro de un país que no ha firmado la Convención Americana sobre Derechos Humanos, la que debería trasladar su sede a Panamá.
No existen motivos suficientes para este cambio de sede, ni estatutarias ni legales, además de que no habría consenso, pero el solo hecho de embanderarse detrás de su propia causa, le permiten a Correa estar en el candelero internacional, algo que está gustándole cada vez más.
marzo 31, 2012
Viernes Santo será feriado en Cuba
Luego de la visita de Benedicto XVI esta semana a Cuba, el gobierno de Raúl Castro accedió a declara feriado el Viernes Santo. El gobierno de Fidel Castro había hecho lo mismo en Navidad, luego de la visita de Juan Pablo II en 1998.
Son gestos importantes no fáciles de obtener de parte del gobierno cubano. Para aquellos que les gusta el sarcasmo, deben creer seguramente que en tan solo un par de décadas, el gobierno cubano accederá a todos los feriados de la Iglesia y hasta podría declarar día no laborable el 6 de enero.
Viernes Santo será feriado en Cuba, como pidió Benedicto XVI - Cuba - ElNuevoHerald.com
Son gestos importantes no fáciles de obtener de parte del gobierno cubano. Para aquellos que les gusta el sarcasmo, deben creer seguramente que en tan solo un par de décadas, el gobierno cubano accederá a todos los feriados de la Iglesia y hasta podría declarar día no laborable el 6 de enero.
Viernes Santo será feriado en Cuba, como pidió Benedicto XVI - Cuba - ElNuevoHerald.com
Prensa y Expresión: Como en la Guerra Fría
Prensa y Expresión: Como en la Guerra Fría: Cuba y EE.UU. están reviviendo décadas pasadas en que jugaban al intercambio de espías durante la Guerra Fría. La diferencia es que entonce...
Como en la Guerra Fría
Cuba y EE.UU. están reviviendo décadas pasadas en que jugaban al intercambio de espías durante la Guerra Fría. La diferencia es que entonces el jueguito lo hacían los servicios de inteligencia, en cambio ahora los episodios están enmascarados por las decisiones de los jueces.
Este viernes llegó a Cuba el espía cubano René González quien estuvo encerrado en cárceles de EE.UU. por 13 años condenado por espionaje contra la comunidad cubana en el exilio. Ahora en libertad condicional, una jueza federal de una corte en Miami, Joan Lenard, le otorgó el permiso de viajar por 15 días por cuestiones humanitarias para visitar a uno de sus hermanos, gravemente enfermo de cáncer pulmonar.
Es evidente que el permiso ha sido otorgado a González para conseguir un gesto similar de parte del gobierno cubano. El contratista estadounidense Alan Gross que fue condenado a 15 años de cárcel en Cuba en el 2011 por actos contra la seguridad nacional al haber regalado equipos de telecomunicaciones a la comunidad judía en la isla, acaba de pedirle al presidente Raúl Castro un permiso de salida para visitar a su madre de 90 años enferma.
Seguramente, se trata de un gesto calculado, de un cambio de espías. En vez de razones de Estado, esta vez se aplicó las siempre justificadas “razones humanitarias”.
Este viernes llegó a Cuba el espía cubano René González quien estuvo encerrado en cárceles de EE.UU. por 13 años condenado por espionaje contra la comunidad cubana en el exilio. Ahora en libertad condicional, una jueza federal de una corte en Miami, Joan Lenard, le otorgó el permiso de viajar por 15 días por cuestiones humanitarias para visitar a uno de sus hermanos, gravemente enfermo de cáncer pulmonar.
Es evidente que el permiso ha sido otorgado a González para conseguir un gesto similar de parte del gobierno cubano. El contratista estadounidense Alan Gross que fue condenado a 15 años de cárcel en Cuba en el 2011 por actos contra la seguridad nacional al haber regalado equipos de telecomunicaciones a la comunidad judía en la isla, acaba de pedirle al presidente Raúl Castro un permiso de salida para visitar a su madre de 90 años enferma.
Seguramente, se trata de un gesto calculado, de un cambio de espías. En vez de razones de Estado, esta vez se aplicó las siempre justificadas “razones humanitarias”.
marzo 29, 2012
Derecho a morir; deber de vivir
Dos enfermeros uruguayos se creyeron Dios. Mataron al menos a 16 ancianos con inyecciones de aire, morfina y calmantes, bajo el argumento de que aliviarían el sufrimiento de sus víctimas con una muerte buena y decorosa.
Pero como los pacientes no eran enfermos terminales, ni dieron su consentimiento ni hubo orden judicial de por medio, Ariel Acevedo y Marcelo Pereira cometieron homicidio, no eutanasia como argumentaron. Como otros “ángeles y doctores de la muerte” de la historia reciente, ya sea el español Joan Vila, el inglés Harold Shipman o los estadounidenses Jack Kevorkian y Peter Goodwin, los enfermeros uruguayos confundieron piedad con crueldad y, contrarios a su juramento, eligieron acelerar la muerte que prolongar la vida.
Más allá de la actitud criminal, este hecho nos enfrenta al eterno dilema de tener que adoptar posiciones sobre temas polémicos como la pena de muerte, el suicidio asistido, el aborto y la eutanasia que, pese a que pueden estar regulados por ley, gravitan con mayor peso en el campo de la moral.
Nuestros enfoques siempre están condicionados por la educación, las enseñanzas religiosas, las leyes, la presión social y nuestras experiencias. Quienes defienden la eutanasia, definida como la acción u omisión de un tratamiento médico para evitar que un paciente sufra, con su consentimiento o el de su familia, creen en el principio de la muerte digna sin sufrimientos y que la persona tiene la libertad para disponer de su vida.
Quienes están en contra, consideran el principio moral y religioso de que la vida es un don de Dios que no puede ser arrebatado por el ser humano. Piensan que sin la vida de los más vulnerables, discapacitados y enfermos terminales, la sociedad corre el riesgo de deshumanizarse y de justificar limpias raciales, genocidios y holocaustos.
En ese contexto, en la encíclica Evangelium Vitae de 1995, el Papa Juan Pablo II enseña sobre el valor de la vida ante la cultura de muerte, en la que enmarca especialmente a la eutanasia, el aborto y la manipulación de embriones, como acciones contrarias al mandamiento de “no matarás”. Agrega el Pontífice que la posibilidad de practicar la eutanasia “agudiza la tentación de resolver el problema del sufrimiento”, pudiendo cometerse muchos abusos, como ahora evidencia el caso de los “ángeles” uruguayos.
Este tipo de tentaciones sobre el tema de la muerte y la vida con dignidad lo he experimentado en relación a mi madre. Tiempo atrás, ella murió de esclerosis múltiple, una enfermedad devastadora que de a poco le conquistó hasta los músculos de los párpados y todo el aliento de su cuerpo. En mis últimas visitas, y ante tanto sufrimiento, me pregunté hasta el cansancio y con desconcierto, si la eutanasia directa no hubiera sido el alivio que ella y toda la familia merecía.
Mi padre, no obstante, se interpuso entre mis pensamientos. Cuidó ejemplarmente de ella por cinco larguísimos años y pese al dolor de ambos, ayudó a que se entregue Dios y a que nadie le arrebate su derecho a morir en forma natural y con dignidad.
La enseñanza fue grande y se valora aún más cuando debemos enfrentar qué tipo de dignidad ofrecemos a nuestros más viejos. Es que el tema de la relación con la ancianidad no es fácil, y menos cuando debemos adoptar posiciones morales y prácticas mientras gozamos de salud y llevamos una vida activa. Muchas veces, aunque no sea de nuestra preferencia ni el ideal, las residencias geriátricas son el mejor lugar para que los ancianos puedan estar acompañados y recibir el tratamiento terapéutico y nutricional adecuado para mantenerse fuertes y vivir con decoro.
Cuando la semana pasada con mi hermano visitamos desde el exterior a mi padre, con la intención de rescatarlo de su soledad y de su decaimiento físico y anímico, reconocimos que de no ser por las visitas cotidianas de algunos de sus íntimos, su vida podría ser más tediosa e indigna y quedar al abandono de una terrible eutanasia interior.
Seguramente ahora mi padre, así como veló para que mi madre tuviera el derecho a morir a su lado y con dignidad, se impondrá la obligación y el ineludible deber de vivir.
Pero como los pacientes no eran enfermos terminales, ni dieron su consentimiento ni hubo orden judicial de por medio, Ariel Acevedo y Marcelo Pereira cometieron homicidio, no eutanasia como argumentaron. Como otros “ángeles y doctores de la muerte” de la historia reciente, ya sea el español Joan Vila, el inglés Harold Shipman o los estadounidenses Jack Kevorkian y Peter Goodwin, los enfermeros uruguayos confundieron piedad con crueldad y, contrarios a su juramento, eligieron acelerar la muerte que prolongar la vida.
Más allá de la actitud criminal, este hecho nos enfrenta al eterno dilema de tener que adoptar posiciones sobre temas polémicos como la pena de muerte, el suicidio asistido, el aborto y la eutanasia que, pese a que pueden estar regulados por ley, gravitan con mayor peso en el campo de la moral.
Nuestros enfoques siempre están condicionados por la educación, las enseñanzas religiosas, las leyes, la presión social y nuestras experiencias. Quienes defienden la eutanasia, definida como la acción u omisión de un tratamiento médico para evitar que un paciente sufra, con su consentimiento o el de su familia, creen en el principio de la muerte digna sin sufrimientos y que la persona tiene la libertad para disponer de su vida.
Quienes están en contra, consideran el principio moral y religioso de que la vida es un don de Dios que no puede ser arrebatado por el ser humano. Piensan que sin la vida de los más vulnerables, discapacitados y enfermos terminales, la sociedad corre el riesgo de deshumanizarse y de justificar limpias raciales, genocidios y holocaustos.
En ese contexto, en la encíclica Evangelium Vitae de 1995, el Papa Juan Pablo II enseña sobre el valor de la vida ante la cultura de muerte, en la que enmarca especialmente a la eutanasia, el aborto y la manipulación de embriones, como acciones contrarias al mandamiento de “no matarás”. Agrega el Pontífice que la posibilidad de practicar la eutanasia “agudiza la tentación de resolver el problema del sufrimiento”, pudiendo cometerse muchos abusos, como ahora evidencia el caso de los “ángeles” uruguayos.
Este tipo de tentaciones sobre el tema de la muerte y la vida con dignidad lo he experimentado en relación a mi madre. Tiempo atrás, ella murió de esclerosis múltiple, una enfermedad devastadora que de a poco le conquistó hasta los músculos de los párpados y todo el aliento de su cuerpo. En mis últimas visitas, y ante tanto sufrimiento, me pregunté hasta el cansancio y con desconcierto, si la eutanasia directa no hubiera sido el alivio que ella y toda la familia merecía.
Mi padre, no obstante, se interpuso entre mis pensamientos. Cuidó ejemplarmente de ella por cinco larguísimos años y pese al dolor de ambos, ayudó a que se entregue Dios y a que nadie le arrebate su derecho a morir en forma natural y con dignidad.
La enseñanza fue grande y se valora aún más cuando debemos enfrentar qué tipo de dignidad ofrecemos a nuestros más viejos. Es que el tema de la relación con la ancianidad no es fácil, y menos cuando debemos adoptar posiciones morales y prácticas mientras gozamos de salud y llevamos una vida activa. Muchas veces, aunque no sea de nuestra preferencia ni el ideal, las residencias geriátricas son el mejor lugar para que los ancianos puedan estar acompañados y recibir el tratamiento terapéutico y nutricional adecuado para mantenerse fuertes y vivir con decoro.
Cuando la semana pasada con mi hermano visitamos desde el exterior a mi padre, con la intención de rescatarlo de su soledad y de su decaimiento físico y anímico, reconocimos que de no ser por las visitas cotidianas de algunos de sus íntimos, su vida podría ser más tediosa e indigna y quedar al abandono de una terrible eutanasia interior.
Seguramente ahora mi padre, así como veló para que mi madre tuviera el derecho a morir a su lado y con dignidad, se impondrá la obligación y el ineludible deber de vivir.
marzo 28, 2012
“Abajo el comunismo”
La frase sintetizó lo que sucede en Cuba: “¡Abajo el comunismo!”.
Lo dijo un manifestante durante la visita de Benedicto XVI, el que fue sacado de inmediato por agentes de Seguridad del Estado vestidos de civil. Fue golpeado hasta por una persona con un chaleco con la insignia de la Cruz Roja.
Digo que sintetizó lo que sucede en Cuba por lo siguiente. Tanto Raúl Castro, Fidel Castro como el Papa y el cardenal Wenski de Miami, coincidieron en criticar el marxismo en forma pública, pero ningún ciudadano, a quien los gobernantes y el espíritu de la Iglesia se deben, puede expresar lo que siente sin ser blanco de las represalias y la violencia.
El comunismo como cualquier otra forma de ismos autoritarios tiene esa visión del Estado y gobiernos todopoderosos que hasta puede jugar y maltratar el sentido de libertad del pueblo.
Ese grito que en cualquier lugar pasaría desapercibido y hasta podría despertar nostalgias románticas para algunos, en Cuba es un pecado capital, un signo de desobediencia y de desacato a una autoridad que siempre se ha sentido con la libertad para oprimir y castigar.
La represalia contra quien osó gritar abajo el comunismo refleja 53 años de ostracismo y de quitarle a cada ciudadano el derecho humano más elevado y fundamental incluso más que el de la vida, el de la libertad, así sea la de traslación, de asociación y de expresión.
No hay derecho humano más fundamental que el de la libertad y régimen más oscurantista que aquel que les prohíbe esa libertad a sus ciudadanos.
Nota aparte merece el dato, no menor, de que la paliza recibida por el gritón de la libertad fue de parte de un señor que vestía un chaleco con la insignia de la Cruz Roja, lo que implica la malversación de una representación, tan disparatada como la que años atrás critiqué en este blog, cuando algunos integrantes de las fuerzas colombianas que rescataron a Ingrid Betancourt se enmascararon con ese símbolo para perpetrar el rescate.
Lo dijo un manifestante durante la visita de Benedicto XVI, el que fue sacado de inmediato por agentes de Seguridad del Estado vestidos de civil. Fue golpeado hasta por una persona con un chaleco con la insignia de la Cruz Roja.
Digo que sintetizó lo que sucede en Cuba por lo siguiente. Tanto Raúl Castro, Fidel Castro como el Papa y el cardenal Wenski de Miami, coincidieron en criticar el marxismo en forma pública, pero ningún ciudadano, a quien los gobernantes y el espíritu de la Iglesia se deben, puede expresar lo que siente sin ser blanco de las represalias y la violencia.
El comunismo como cualquier otra forma de ismos autoritarios tiene esa visión del Estado y gobiernos todopoderosos que hasta puede jugar y maltratar el sentido de libertad del pueblo.
Ese grito que en cualquier lugar pasaría desapercibido y hasta podría despertar nostalgias románticas para algunos, en Cuba es un pecado capital, un signo de desobediencia y de desacato a una autoridad que siempre se ha sentido con la libertad para oprimir y castigar.
La represalia contra quien osó gritar abajo el comunismo refleja 53 años de ostracismo y de quitarle a cada ciudadano el derecho humano más elevado y fundamental incluso más que el de la vida, el de la libertad, así sea la de traslación, de asociación y de expresión.
No hay derecho humano más fundamental que el de la libertad y régimen más oscurantista que aquel que les prohíbe esa libertad a sus ciudadanos.
Nota aparte merece el dato, no menor, de que la paliza recibida por el gritón de la libertad fue de parte de un señor que vestía un chaleco con la insignia de la Cruz Roja, lo que implica la malversación de una representación, tan disparatada como la que años atrás critiqué en este blog, cuando algunos integrantes de las fuerzas colombianas que rescataron a Ingrid Betancourt se enmascararon con ese símbolo para perpetrar el rescate.
marzo 27, 2012
marzo 24, 2012
Coincidencias del Papa y los Castro
Si en algo coinciden el Papa Benedicto XVI y los hermanos Raúl y Fidel Castro, es que el marxismo de Cuba ya es un sistema agotado y que "no responde a la realidad".
Raúl y su hermano Fidel hace meses que vienen declarando y escribiendo que el Estado que ellos concibieron como marxista y comunista debe cambiar, ya que su modelo económico está totalmente agotado y sin sincronía con lo que el país necesita. Obviamente, para defender la poca dignidad que les queda de un sistema tan opresivo, le siguen echando la culpa al embargo estadounidense.
Pero el Papa cuando habla de un sistema agotado no se refiere a lo económico, sino que su visión está más centrada en la opresión y la falta de libertad; algo a lo que los Castro no les interesa, ya que ven en el posible mejoramiento de su economía la mejor forma para continuar con su régimen absolutista y unipartidario.
La visión de los Castro está centrada en el Estado egoísta, el que decide el destino de sus ciudadanos, el que como Dios dispone del libre albedrío sin tener en cuenta que la libertad es el derecho humano por antonomasia que cobija incluso a los demás valores, sueños y aspiraciones del ser humano como la vida, el amor y la felicidad, mensaje que en cada frase reclama el Papa.
En los días previos a la visita del Papa, los Castro redoblaron su mensaje egoísta, ordenando la detención, encarcelamiento y las golpizas en contra de quienes quieren vivir en libertad.
Es cierto que la Iglesia Católica está presionada por los acontecimientos políticos en la isla, pero así como el viaje de 1998 de Juan Pablo II, éste que empezará el lunes con Benedicto XVI a la cabeza, ofrecerá la esperanza de seguir concientizando sobre la libertad.
Benedicto XVI dijo antes de llegar a México, el primer peldaño de su viaje, que en Cuba “es evidente hoy en día que la ideología marxista, tal y como fue concebida, ya no responde a la realidad”, por lo que “hay que encontrar modelos nuevos, con paciencia, y de una manera constructiva”.
Ojalá que los hermanos Castro traten de seguir coincidiendo con el Papa, pero ya no basándose en sus declaraciones, sino en acciones concretas para que Cuba deje de ser un país comunista, unipartidario y anti democrático.
Una reforma política y de apertura, antes que económica, es lo que necesitan los cubanos y el Gobierno de los Castro para integrarse al concierto de naciones. Pedir, como Rafael Correa y los gobiernos socios del ALBA, que Cuba sea incluida en la Cumbre Iberoamericana a celebrarse en Cartagena, es una actitud egoísta que solo entiende a Cuba como si fuera gobierno, sin pensar que la verdadera Cuba y los demás países en una democracia, no son sus autoridades, sino sus pueblos dignos y libres para elegir su destino.
Raúl y su hermano Fidel hace meses que vienen declarando y escribiendo que el Estado que ellos concibieron como marxista y comunista debe cambiar, ya que su modelo económico está totalmente agotado y sin sincronía con lo que el país necesita. Obviamente, para defender la poca dignidad que les queda de un sistema tan opresivo, le siguen echando la culpa al embargo estadounidense.
Pero el Papa cuando habla de un sistema agotado no se refiere a lo económico, sino que su visión está más centrada en la opresión y la falta de libertad; algo a lo que los Castro no les interesa, ya que ven en el posible mejoramiento de su economía la mejor forma para continuar con su régimen absolutista y unipartidario.
La visión de los Castro está centrada en el Estado egoísta, el que decide el destino de sus ciudadanos, el que como Dios dispone del libre albedrío sin tener en cuenta que la libertad es el derecho humano por antonomasia que cobija incluso a los demás valores, sueños y aspiraciones del ser humano como la vida, el amor y la felicidad, mensaje que en cada frase reclama el Papa.
En los días previos a la visita del Papa, los Castro redoblaron su mensaje egoísta, ordenando la detención, encarcelamiento y las golpizas en contra de quienes quieren vivir en libertad.
Es cierto que la Iglesia Católica está presionada por los acontecimientos políticos en la isla, pero así como el viaje de 1998 de Juan Pablo II, éste que empezará el lunes con Benedicto XVI a la cabeza, ofrecerá la esperanza de seguir concientizando sobre la libertad.
Benedicto XVI dijo antes de llegar a México, el primer peldaño de su viaje, que en Cuba “es evidente hoy en día que la ideología marxista, tal y como fue concebida, ya no responde a la realidad”, por lo que “hay que encontrar modelos nuevos, con paciencia, y de una manera constructiva”.
Ojalá que los hermanos Castro traten de seguir coincidiendo con el Papa, pero ya no basándose en sus declaraciones, sino en acciones concretas para que Cuba deje de ser un país comunista, unipartidario y anti democrático.
Una reforma política y de apertura, antes que económica, es lo que necesitan los cubanos y el Gobierno de los Castro para integrarse al concierto de naciones. Pedir, como Rafael Correa y los gobiernos socios del ALBA, que Cuba sea incluida en la Cumbre Iberoamericana a celebrarse en Cartagena, es una actitud egoísta que solo entiende a Cuba como si fuera gobierno, sin pensar que la verdadera Cuba y los demás países en una democracia, no son sus autoridades, sino sus pueblos dignos y libres para elegir su destino.
marzo 23, 2012
Correa cada vez más patético
El presidente Rafael Correa insiste que en su país hay libertad de prensa, de expresión y de reunión, sin embargo no es así en la realidad.
La reciente manifestación de indígenas que llegó a Quito a protestar por un proyecto minero fue recibida por una gran multitud que a las órdenes de Correa (y traída por operativos del gobierno) que les instigaba e insultaba. Correa y el vicepresidente en todo momento arengaban a sus manifestantes partidarios y les obligaban a entonar cánticos a favor de su “revolución ciudadana” y en contra de los indígenas “golpistas”. Era obvio que el cántico de reelección no se haría esperar mientras entre la multitud era azuzado por los propios militantes correístas.
El derecho de asociación requiere tolerancia y es obligación del gobierno proteger ese derecho, algo que Correa y otros colegas del ALBA procuran no entender a su conveniencia. Siempre organizan contra marchas para neutralizar a quienes hacen uso de los instrumentos democráticos que estipula la Constitución.
Correa es un presidente de barricada, cada vez más enceguecido, y cada vez más patético.
La reciente manifestación de indígenas que llegó a Quito a protestar por un proyecto minero fue recibida por una gran multitud que a las órdenes de Correa (y traída por operativos del gobierno) que les instigaba e insultaba. Correa y el vicepresidente en todo momento arengaban a sus manifestantes partidarios y les obligaban a entonar cánticos a favor de su “revolución ciudadana” y en contra de los indígenas “golpistas”. Era obvio que el cántico de reelección no se haría esperar mientras entre la multitud era azuzado por los propios militantes correístas.
El derecho de asociación requiere tolerancia y es obligación del gobierno proteger ese derecho, algo que Correa y otros colegas del ALBA procuran no entender a su conveniencia. Siempre organizan contra marchas para neutralizar a quienes hacen uso de los instrumentos democráticos que estipula la Constitución.
Correa es un presidente de barricada, cada vez más enceguecido, y cada vez más patético.
marzo 22, 2012
La presión contra Benedicto XVI
Nunca un viaje del Papa Benedicto XVI sufrió tanta presión política como éste que debe afrontar a México y a partir del lunes a Cuba. Políticos e intelectuales de todo el mundo, exiliados cubanos en Miami y la disidencia interna en la isla, claman para que el Pontífice se reúna con las Damas de Blanco y otros grupos e individuos independientes y opositores al régimen.
Más allá de su viaje pastoral, el Papa no puede soslayar que no se trata solo de una oportunidad única para motivar a los ciudadanos a acercarse a la Iglesia, para que el gobierno deje ser tan dictador, para que todos sientan la esperanza de la libertad, sino también para que haya un gesto simbólico para aquellos que en forma cotidiana arriesgan sus vidas a favor de la libertad religiosa, de expresión, reunión y asociación.
El Papa como jefe de Estado y piedra de la Iglesia Católica tiene una doble responsabilidad. No cumplir con la necesidad de reunirse con los disidentes, aunque se trate de un simbolismo, permitirá al gobierno comunista continuar con su prédica anti libertaria y anti cristiana.
Más allá de su viaje pastoral, el Papa no puede soslayar que no se trata solo de una oportunidad única para motivar a los ciudadanos a acercarse a la Iglesia, para que el gobierno deje ser tan dictador, para que todos sientan la esperanza de la libertad, sino también para que haya un gesto simbólico para aquellos que en forma cotidiana arriesgan sus vidas a favor de la libertad religiosa, de expresión, reunión y asociación.
El Papa como jefe de Estado y piedra de la Iglesia Católica tiene una doble responsabilidad. No cumplir con la necesidad de reunirse con los disidentes, aunque se trate de un simbolismo, permitirá al gobierno comunista continuar con su prédica anti libertaria y anti cristiana.
marzo 21, 2012
Deterioro de los derechos humanos
Los positivos resultados conseguidos por los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay sobre crímenes de lesa humanidad cometidos por las dictaduras militares, pudieran estar encubriendo la desatención que los estados prestan a la defensa de los derechos humanos.
En la actualidad no solo se registra un alto índice de violaciones a los derechos humanos, sino también un incremento estrepitoso de casos de persecución, maltrato y crímenes contra activistas que defienden y promueven los derechos de las mujeres, niños, homosexuales, indígenas y otros grupos vulnerables en América Latina.
Un informe de 300 páginas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) advertía a principios de marzo de graves ataques, amenazas, desapariciones y asesinatos contra activistas, sindicalistas y líderes comunitarios de Brasil, Colombia, El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Venezuela.
En su segundo reporte en seis años, titulado Situación de las Defensoras y Defensores de Derechos Humanos en las Américas, la CIDH estableció que Colombia es el país donde se registran mayores agresiones, mientras que en Honduras, México y Guatemala se cometieron 75, 61 y 59 asesinatos de activistas, respectivamente, en los últimos años.
No es tan problemático el hecho de la violencia generalizada en el continente, como que en muchos casos es consumada por la fuerza pública y grupos paraestatales, como ocurre en México, Venezuela, Brasil y Honduras.
A esa falta de garantías y desprotección de parte del Estado, lo más alarmante es que muchos gobiernos no solo toleran esa violencia e impunidad, sino que además desacreditan a los defensores y sus organismos, con el objetivo de blindarse ante las críticas y evitar que supervisen las violaciones a los derechos humanos en sus territorios.
En un informe ante la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas la semana pasada, el secretario ejecutivo de la CIDH, Santiago Cantón expuso que además de la violencia, existe una “creciente sofisticación” de los mecanismos estatales para impedir, obstaculizar o desmotivar la protección de los derechos humanos, entre ellos, demandas judiciales contra los defensores y restricciones a sus fuentes de financiación.
La denuncia de Cantón tenía destinatario concreto: Rafael Correa. El Presidente ecuatoriano, junto con Hugo Chávez, viene solicitando en foros públicos la eliminación del actual sistema interamericano de derechos humanos, en represalia por las exigencias que le planteó a su gobierno por violaciones a la libertad de expresión de sus ciudadanos y persecución judicial contra periodistas.
A fines de enero, Correa logró incorporar tres recomendaciones en el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos, que lejos de fortalecer el sistema como argumentó, tienden a limitar el trabajo de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de ese organismo. Correa consiguió que los miembros de la OEA, a excepción de Costa Rica, Uruguay y Panamá, avalen su propuesta para que la Relatoría no pueda recibir financiamiento de países europeos, no pueda hacer denuncias sobre violaciones ni publicar su informe anual país por país.
Correa logró así un doble propósito, neutralizó el trabajo de monitoreo y de alertas de la Relatoría, y evitó que se consideren otras recomendaciones sobre mayores recursos económicos y humanos con los que debería contar el sistema interamericano para administrar más justicia y operar con más eficiencia y menos burocracia.
Como ocurre en Venezuela y Ecuador, y se deja entrever en el gobierno de Cristina de Kirchner, con fronteras comerciales y financieras cada vez más cerradas, estos países tienden a acusar a los activistas locales y extranjeros de entrometerse en asuntos internos. Así, mediante eslóganes populistas, justifican la defensa de la soberanía promulgando leyes que bloquean la posibilidad de que reciban asistencia financiera para sus operaciones.
Más allá de los crímenes contra los activistas y de las infracciones en general, queda claro que el deterioro de los derechos humanos es de índole política. Es por eso que a los gobiernos actuales les resulta más fácil hurgar y condenar el pasado, que asumir su responsabilidad por las violaciones del presente.
En la actualidad no solo se registra un alto índice de violaciones a los derechos humanos, sino también un incremento estrepitoso de casos de persecución, maltrato y crímenes contra activistas que defienden y promueven los derechos de las mujeres, niños, homosexuales, indígenas y otros grupos vulnerables en América Latina.
Un informe de 300 páginas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) advertía a principios de marzo de graves ataques, amenazas, desapariciones y asesinatos contra activistas, sindicalistas y líderes comunitarios de Brasil, Colombia, El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Venezuela.
En su segundo reporte en seis años, titulado Situación de las Defensoras y Defensores de Derechos Humanos en las Américas, la CIDH estableció que Colombia es el país donde se registran mayores agresiones, mientras que en Honduras, México y Guatemala se cometieron 75, 61 y 59 asesinatos de activistas, respectivamente, en los últimos años.
No es tan problemático el hecho de la violencia generalizada en el continente, como que en muchos casos es consumada por la fuerza pública y grupos paraestatales, como ocurre en México, Venezuela, Brasil y Honduras.
A esa falta de garantías y desprotección de parte del Estado, lo más alarmante es que muchos gobiernos no solo toleran esa violencia e impunidad, sino que además desacreditan a los defensores y sus organismos, con el objetivo de blindarse ante las críticas y evitar que supervisen las violaciones a los derechos humanos en sus territorios.
En un informe ante la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas la semana pasada, el secretario ejecutivo de la CIDH, Santiago Cantón expuso que además de la violencia, existe una “creciente sofisticación” de los mecanismos estatales para impedir, obstaculizar o desmotivar la protección de los derechos humanos, entre ellos, demandas judiciales contra los defensores y restricciones a sus fuentes de financiación.
La denuncia de Cantón tenía destinatario concreto: Rafael Correa. El Presidente ecuatoriano, junto con Hugo Chávez, viene solicitando en foros públicos la eliminación del actual sistema interamericano de derechos humanos, en represalia por las exigencias que le planteó a su gobierno por violaciones a la libertad de expresión de sus ciudadanos y persecución judicial contra periodistas.
A fines de enero, Correa logró incorporar tres recomendaciones en el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos, que lejos de fortalecer el sistema como argumentó, tienden a limitar el trabajo de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de ese organismo. Correa consiguió que los miembros de la OEA, a excepción de Costa Rica, Uruguay y Panamá, avalen su propuesta para que la Relatoría no pueda recibir financiamiento de países europeos, no pueda hacer denuncias sobre violaciones ni publicar su informe anual país por país.
Correa logró así un doble propósito, neutralizó el trabajo de monitoreo y de alertas de la Relatoría, y evitó que se consideren otras recomendaciones sobre mayores recursos económicos y humanos con los que debería contar el sistema interamericano para administrar más justicia y operar con más eficiencia y menos burocracia.
Como ocurre en Venezuela y Ecuador, y se deja entrever en el gobierno de Cristina de Kirchner, con fronteras comerciales y financieras cada vez más cerradas, estos países tienden a acusar a los activistas locales y extranjeros de entrometerse en asuntos internos. Así, mediante eslóganes populistas, justifican la defensa de la soberanía promulgando leyes que bloquean la posibilidad de que reciban asistencia financiera para sus operaciones.
Más allá de los crímenes contra los activistas y de las infracciones en general, queda claro que el deterioro de los derechos humanos es de índole política. Es por eso que a los gobiernos actuales les resulta más fácil hurgar y condenar el pasado, que asumir su responsabilidad por las violaciones del presente.
marzo 20, 2012
Messi de todos los colores
No se puede pedir más a Lionel Messi que va de hat trick en hat trick y hoy volvió con un triplete de todos los colores, de volea, emboquillada y entre defensores. Lo único que detiene a la Pulga parece ser la red, porque ni los récords lo asustan. Con los tres de hoy llegó a 234 goles en partidos oficiales del Barcelona, dos más que César Rodríguez otra de las leyendas del club catalán.
Messi se llevó de trofeo el balón que le alcanzó el arquero contrario, lo que evidencia la admiración que le tienen al “asesino” de la cancha como ayer lo definió el francés Michelle Paltini. Con este triplete Messi se puso por dos tantos más que Ronaldo y dejó atrás a quienes creían que la hazaña de la Pulga por empatar a Rodríguez no se daría en esta temporada, marcando hasta ahora otro récord con un total de 54 goles.
Ver al Barcelona y exigir goles de Messi ya se ha tornado para los hinchas de cualquier equipo del planeta una sabrosa costumbre. Pese a los colores de su camiseta, creo que con Messi hace que veamos reflejados los colores de todas nuestras camisetas. Su fútbol es universal.
ALBA y una vara diferente
Los países progresistas del ALBA todavía piensan en boicotear la Cumbre Iberoamericana que se realizará en abril en Cartagena, Colombia, por la falta de consenso en invitar al régimen anti democrático de Cuba.
Se observa de esta forma la vara distinta que usan estos gobiernos, como los de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, entre otros, para medir a las dictaduras y gobiernos con ideologías distintas a las suyas.
Quieren que Cuba, un régimen que por 53 años reprimió las libertades sociales e individuales, no sea excluida del concierto de naciones americanas; pero se olvidan que hasta hace poco bloquearon al gobierno de Honduras en la OEA y de todas las reuniones intergubernamentales, en represalia porque un gobierno de derecha dio un golpe en contra del izquierdista converso de Manuel Zelaya.
El ALBA debería medir a todos por igual.
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